PRAGMATA | Análisis (PC)

(8.5/10) – ¿ES CAPCOM EL ESTUDIO DEL AÑO?

Desde su primer anuncio en 2020, Pragmata se convirtió en ese enigma que todos queríamos descifrar, y ahora que finalmente lo tenemos, la sensación es agridulce pero mayoritariamente positiva. Capcom ha entregado una obra que se siente como un experimento de alto presupuesto, una mezcla de acción técnica y narrativa paternal que no teme ser lineal en una era dominada por mundos abiertos innecesariamente grandes. Al ponerme el traje de Hugh y recorrer los pasillos estériles de la Luna, lo primero que me golpeó fue esa atmósfera de «soledad tecnológica»: una base de investigación lunar que, tras un silencio sepulcral, se convierte en un laberinto de robots y memorias impresas en 3D que intentan desesperadamente imitar la vida en la Tierra.

Gracias a CAPCOM Latinoamerica por el código para prensa usado en la realización de este análisis.

La jugabilidad de Pragmata es, sin duda, su carta de presentación más fuerte y, al mismo tiempo, su mayor riesgo. Controlar a Hugh, un astronauta que se siente pesado y humano, mientras Diana, una androide con apariencia de niña, se acopla a tu espalda para hackear enemigos, es un ejercicio mental fascinante. En PC, la fluidez con la que pasas de disparar tu arsenal futurista a navegar por el laberinto de hackeo en el HUD es impresionante. Es una dinámica que te obliga a dividir la atención: mientras tus ojos siguen la trayectoria de los misiles enemigos para esquivarlos con el jetpack, tus manos están resolviendo un puzle de conexiones para exponer los puntos débiles del oponente. Si dejas de hackear, tus balas apenas le hacen cosquillas a la armadura enemiga, lo que crea una dependencia mecánica absoluta entre los dos protagonistas.

Visualmente, el juego es un testamento de lo que el RE Engine puede lograr en 2026. La versión de PC viene cargada con soporte para trazado de rayos y DLSS4, lo que hace que los entornos de la estación lunar luzcan ridículamente detallados. Hay un contraste poético entre la frialdad del metal y el «lunafilamento», ese mineral que permite imprimir objetos en 3D. Capcom aprovecha esta premisa para crear escenarios surrealistas: de repente estás en un pasillo genérico y, al abrir una puerta, te encuentras en una recreación fragmentada y caótica de Nueva York o en un bosque denso que brota de las paredes de la base. Estos momentos de surrealismo visual son los que realmente elevan la experiencia y te hacen perdonar la linealidad de los mapas.

La relación entre Hugh y Diana es el pegamento emocional que mantiene todo unido. Aunque Hugh pueda parecer el típico protagonista soso de los juegos de acción —el tipo serio que solo quiere cumplir la misión—, su interacción con Diana le da una capa de humanidad necesaria. Ella es juguetona, traviesa y descubre el mundo (o lo que queda de él) con una curiosidad que resulta contagiosa. No es solo una compañera de IA que te grita consejos; es una pieza clave de la jugabilidad que, cuando no está disponible, te hace sentir vulnerable y «manco» mecánicamente. Esa sensación de «baterista con una mano atada a la espalda» cuando Diana no puede hackear es una de las mejores formas en las que Capcom ha integrado narrativa y mecánicas en años.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en la Luna. El sistema de hackeo, aunque innovador, sufre de un problema de evolución. Después de las primeras cinco horas, te das cuenta de que los puzles de la cuadrícula no cambian demasiado. A pesar de que los enemigos se vuelven más agresivos y sus matrices de hackeo más grandes, la lógica del minijuego sigue siendo la misma, lo que puede volver los combates largos un poco tediosos hacia el final de la campaña. Hubiera sido genial ver a Diana hackeando el entorno de formas más creativas o resolviendo puzles ambientales complejos, pero la mayoría de las veces su función fuera del combate se limita a abrir puertas, lo que se siente como una oportunidad desperdiciada para una IA con tanto potencial.

El diseño de los enemigos es variado pero consistente. Tienes desde drones pequeños que te lanzan misiles (que puedes devolver si tienes buenos reflejos) hasta robots humanoides que protegen sus puntos débiles con antenas que debes destruir primero. La verdadera magia ocurre en los enfrentamientos contra grandes grupos, donde la acción se vuelve caótica y te obliga a usar todo el arsenal: granadas, campos electromagnéticos y las esquivas perfectas que activan una cámara lenta deliciosa. En esos momentos, Pragmata recuerda por qué Capcom es el rey de los juegos de acción; hay un «flujo» o flow que recompensa la precisión y el pensamiento rápido, alejándose de los tiroteos genéricos de otros juegos del género.

Hablemos de los jefes, porque son los que realmente te ponen a sudar. Son encuentros a gran escala contra máquinas masivas, como ese gusano perforador que domina un cráter desolado. Aquí es donde el sistema de mejoras de equipo realmente brilla. Al igual que en Resident Evil 4, puedes regresar a un refugio (un lugar seguro con música minimalista y nubes digitales) para gastar el lunafilamento recolectado. Puedes mejorar la integridad de tu traje, el tiempo de recarga de las armas o incluso comprar fichas para jugar al bingo, un minijuego dentro del juego que te da recompensas adicionales. Esta estructura de «combate-refugio-mejora» le da un ritmo muy satisfactorio a la aventura, permitiéndote sentir el progreso real de tu personaje.

Para los jugadores que buscan exprimir cada centavo, Pragmata ofrece una rejugabilidad interesante a pesar de su corta duración. Mi primera partida me tomó unas 9 horas, explorando la mayoría de los rincones y leyendo los documentos dispersos que explican el origen de IDUS y la Corporación Delphi. Pero el juego no termina en los créditos; se desbloquean modos de desafío, zonas rojas de alta dificultad y el modo «Lunático». Estos desafíos opcionales se centran más en la habilidad pura, obligándote a superar arenas bajo condiciones específicas o en tiempos récord. Es el tipo de contenido que los fans de la vieja escuela de Capcom adoramos, donde el objetivo no es solo terminar el juego, sino dominar sus sistemas por completo.

Un punto que me generó sentimientos encontrados fue la narrativa de la IA enemiga, IDUS. A diferencia de grandes villanos cibernéticos como GLaDOS o Shodan, IDUS se siente un poco genérico. No tiene esa personalidad arrolladora ni frases memorables que te hagan odiarlo u amarlo; es simplemente el obstáculo lógico en tu camino a casa. La trama, aunque efectiva para mantenerte avanzando, cae en varios clichés de la ciencia ficción sobre los orígenes de la vida artificial y la arrogancia humana. Aun así, el excelente doblaje y los diálogos entre Hugh y Diana logran que te importe el destino del dúo, lo cual compensa una historia que, por momentos, parece escrita en piloto automático.

La exploración, aunque limitada por la estructura lineal de «pasillo-arena-pasillo», tiene sus recompensas. Los mapas están llenos de secretos y rutas alternativas que requieren que uses los propulsores de Hugh para alcanzar zonas elevadas. No es un plataformas en toda regla, pero hay suficiente verticalidad para que el movimiento no se sienta monótono. Además, el diseño de sonido merece una mención aparte: el silencio sepulcral de la Luna solo se rompe por el chasquido de tus botas magnéticas o el rugido atronador de tus armas impresas en 3D. Es una experiencia inmersiva que se beneficia enormemente de un buen par de auriculares, especialmente en las zonas donde el sonido es tu única pista de que un dron te está acechando desde un punto ciego.

En cuanto al rendimiento en PC, Capcom ha hecho los deberes. Probé el juego en una configuración media-alta y los fotogramas se mantuvieron estables incluso en las batallas más caóticas con explosiones y efectos de partículas por todos lados. La personalización gráfica es amplia, permitiéndote ajustar desde la calidad de las texturas hasta la densidad del filamento en pantalla. Es refrescante ver un lanzamiento de este calibre que no llega roto o mal optimizado, algo que lamentablemente se ha vuelto común en la industria. Se nota que esos años extra de desarrollo sirvieron para pulir el código y asegurar que la experiencia fuera lo más fluida posible desde el día uno.

Uno de los detalles más curiosos y encantadores del juego ocurre en el refugio. Ver a Diana colorear o intentar enseñarle a Hugh cosas sobre la Tierra —mientras él apenas puede articular por qué la humanidad vale la pena— añade un matiz de melancolía que no esperaba. Es un juego que habla sobre la pérdida y la imitación; sobre cómo intentamos recrear lo que amamos a través de la tecnología, a veces con resultados hermosos y otras veces con monstruosidades mecánicas. Estos respiros narrativos son vitales porque te dan una razón para seguir peleando más allá de «querer ver el final». Quieres que Diana vea un atardecer real, y esa es una motivación poderosa.

A pesar de que el sistema de combate puede sentirse repetitivo hacia el final debido a la poca variación de los puzles de hackeo, el juego nunca llega a aburrir. La introducción constante de nuevas armas y módulos pasivos ayuda a mantener la frescura. Por ejemplo, hay granadas que atraen a los robots hacia un punto para que Diana pueda hackear a tres a la vez, o escudos que bloquean ciertas partes de la matriz de hackeo enemiga, obligándote a replantear tu ruta en el laberinto. Son pequeñas capas de complejidad que se van sumando y que hacen que, aunque el núcleo sea el mismo, las situaciones se sientan distintas.

Finalmente, Pragmata es una aventura concisa que prefiere la calidad sobre la cantidad. No es el juego más largo del catálogo de Capcom, ni el más revolucionario en términos de guion, pero tiene una identidad propia envidiable. La mezcla de NASApunk, surrealismo impreso en 3D y combate multitarea crea una experiencia que se queda grabada. Es un juego que se siente orgulloso de sus raíces de acción técnica pero que intenta decir algo nuevo sobre la conexión humana en un futuro dominado por lo artificial. Si eres fan de los juegos que valoran tu tiempo y te desafían a dominar sus mecánicas, la Luna te está esperando.

CONCLUSIÓN

Pragmata está disponible ahora mismo en PC a tráves de Steam, en PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2. Puedes ver el tráiler de lanzamiento a continuación.