X-Men ’97 (Temporada 2 – Episodios 1 al 4) | Análisis

(9/10) – LOS X-MEN ESTÁN DE VUELTA, BABY

Dos años de espera son mucho tiempo para una serie animada, sobre todo cuando esa serie terminó su primera temporada con uno de los finales más devastadores que ha producido una producción de superhéroes en lo que va de este siglo. «X-Men ’97» no solo tuvo que lidiar con la presión de repetir lo que funcionó, sino que además llegó con el peso adicional de todo lo que pasó detrás de cámaras, la salida del showrunner Beau DeMayo antes del estreno de la primera temporada, las preguntas sobre cómo afectaría eso a la continuidad creativa, y una audiencia que en el fondo ya esperaba una decepción porque así suele funcionar el ciclo de expectativas con las franquicias populares. Nada de eso se nota en pantalla. Estos primeros cuatro episodios de la segunda temporada no solo justifican la espera, sino que demuestran que la serie encontró la manera de volverse más ambiciosa sin perder lo que la hizo especial desde el principio, que no era la nostalgia ni los guiños a los cómics, sino que estos personajes se sienten como personas reales con problemas reales, aunque esos problemas impliquen viajar en el tiempo para evitar que un dios mutante conquiste el mundo.

La estructura de esta segunda temporada es la apuesta más arriesgada que la serie ha hecho hasta ahora, y vale la pena entenderla bien antes de hablar de sus virtudes y sus limitaciones. Los X-Men están dispersos en tres líneas temporales simultáneas: un grupo en el Antiguo Egipto alrededor del año 3000 a.C., otro en el presente de los años 90 y un tercero en el siglo XXXVII bajo el reinado de Apocalipsis. En lugar de intentar manejar las tres tramas al mismo tiempo en cada episodio, cosa que habría resultado en un caos narrativo dado que cada entrega dura apenas treinta minutos, los guionistas tomaron la decisión inteligente de dedicar cada episodio principalmente a una de esas facciones, dejando que cada grupo respire y se desarrolle antes de pasar al siguiente. Es un enfoque que recuerda más a la narrativa de novela por capítulos que a la televisión de superhéroes tradicional, y funciona mejor de lo esperado porque obliga al espectador a invertirse completamente en cada historia antes de que la serie cambie de escenario.

El primer episodio establece la tónica con el grupo del futuro, donde Cíclope y Jean Grey se reencuentran con Nathan, su hijo que fue enviado al año 3960 para sobrevivir al virus tecnorgánico que lo infectó en la primera temporada. Ese Nathan es ahora un adolescente problemático y desconfiado que está en camino de convertirse en Cable, el mercenario viajero del tiempo que los fans de los cómics conocen bien, y la dinámica entre él y sus padres es uno de los elementos más ricos de estos primeros episodios. Hay algo genuinamente complicado en la situación de Scott y Jean, que son técnicamente los padres de este chico pero que para él son prácticamente unos extraños que aparecieron de la nada reclamando un vínculo que él no siente, y la serie no intenta resolver esa tensión fácilmente ni la convierte en un obstáculo que se supera con un abrazo emocionante. La pregunta de hasta qué punto pueden intervenir en la vida de Nathan sabiendo que alterar demasiado su desarrollo podría alejarlo del destino que se supone lo convertirá en el salvador de los mutantes es el tipo de dilema moral que «X-Men ’97» maneja con más inteligencia que la mayoría de sus contemporáneos en el género.

El segundo episodio es donde la serie hace algo verdaderamente sorpresivo, y es que en el título de apertura aparece «X-Force ’97» en lugar del habitual «X-Men ’97», señalando desde el principio que esto va a ser una cosa distinta dentro del mismo universo. El episodio se centra en el presente de los 90, con Cable, Jubilee y Sunspot formando un grupo improvisado que intenta llenar el enorme vacío que dejó la desaparición de los X-Men, y lo que resulta de eso es el episodio más dinámico y desenfadado de los cuatro primeros, sin que eso signifique que sea superficial. Jubilee especialmente tiene aquí el mejor material que se le ha dado en toda la serie, porque la historia se cuenta desde su perspectiva y eso obliga a preguntarse cosas que antes quedaban en segundo plano, como qué significa ser un héroe cuando las reglas que te enseñaron a seguir parecen insuficientes frente a la magnitud de lo que está pasando, y si la moral del Profesor Xavier sigue siendo aplicable cuando el mundo que él quería proteger parece estar desmoronándose sin él.

La trama del Antiguo Egipto, con el Profesor X y Magneto atrapados en los orígenes de Apocalipsis, es sin duda el corazón emocional e intelectual de esta primera mitad de temporada, y también donde la serie alcanza su mayor profundidad temática. Ver a En Sabah Nur antes de convertirse en Apocalipsis, cuando todavía es simplemente un esclavo mutante que lidera una revuelta contra el faraón Rama-Tut, cambia fundamentalmente la relación del espectador con el personaje de una manera que pocas narrativas de supervillanos logran. No es que la serie pretenda que Apocalipsis es en realidad un buen tipo mal entendido, esa sería una simplificación que haría daño a la complejidad del personaje, sino que muestra cómo los extremos ideológicos no surgen de la nada sino que se construyen sobre experiencias reales de opresión, injusticia y traición. Y colocar a Xavier y Magneto exactamente en ese origen, sabiendo lo que saben sobre lo que ese hombre llegará a hacer, y ver cómo cada uno reacciona de manera radicalmente diferente ante la posibilidad de alterarlo, es un dispositivo narrativo brillante que convierte una historia de viajes en el tiempo en una discusión filosófica sobre el determinismo, la responsabilidad y el costo moral de intervenir en el destino de otra persona.

Magneto en esta segunda temporada es el personaje más interesante que la serie tiene para ofrecer, lo cual es notable considerando que la primera temporada ya le dio material excelente con el que trabajar. Aquí, cargando el arrepentimiento de lo que hizo al final de la temporada anterior y enfrentado a la versión joven de uno de sus mayores adversarios, el personaje tiene que navegar contradicciones que no tienen resolución fácil, y la serie no intenta dársela. Matthew Waterston le da a Magneto esa mezcla específica de dignidad, convicción y fragilidad que hace que el personaje funcione, ese tono que permite que sus discursos sobre la supervivencia mutante suenen a algo más que retórica y que sus momentos de duda se sientan genuinos en lugar de calculados para generar simpatía. La dinámica entre él y Xavier en el Antiguo Egipto tiene el peso de toda su historia compartida encima, y los guionistas son lo suficientemente inteligentes como para no explicar demasiado lo que ambos están pensando, dejando que las actuaciones de voz y la animación hagan ese trabajo.

La animación de esta segunda temporada no solo mantiene el nivel de la primera sino que lo expande de maneras visibles. Los diferentes escenarios temporales dan a los animadores la oportunidad de trabajar con paletas y estilos distintos, y el contraste entre el futuro distópico y grisáceo del reinado de Apocalipsis, los colores cálidos y polvorientos del Antiguo Egipto y la estética noventera del presente crea una experiencia visual que se siente variada sin perder la coherencia del estilo general de la serie. Las secuencias de acción siguen siendo de las mejores que el género de animación de superhéroes está produciendo actualmente, con un entendimiento real de cómo los poderes de cada personaje funcionan espacialmente y de cómo convertir eso en algo emocionante sin que se convierta en una explosión de efectos que no significa nada. Hay una secuencia en el primer episodio que usa la niebla y la iluminación de manera particularmente efectiva, creando una atmósfera que no se esperaría de una serie que originalmente se concibió como continuación de un dibujo animado de los años 90.

El villano de esta temporada, Apocalipsis en sus distintas versiones, es un elemento que funciona de manera desigual dependiendo de qué era temporales estamos hablando. Adetokumboh M’Cormack como En Sabah Nur joven es una revelación absoluta, porque el actor entiende que el personaje en ese punto no es todavía el megalómano que todos conocen y lo interpreta con una humanidad que resulta perturbadora precisamente porque uno sabe adónde va a llegar. Ross Marquand como el Apocalipsis del futuro tiene un trabajo más difícil, porque tiene que competir con la memoria de John Colicos, que le dio al personaje en la serie original una resonancia vocal casi bíblica que es muy difícil de igualar. Marquand no está mal, pero hay momentos donde la amenaza no termina de aterrizar con el peso que la narrativa sugiere que debería tener, y eso crea una ligera disonancia entre lo que se nos dice que Apocalipsis representa y lo que uno siente cuando lo escucha hablar.

Uno de los problemas que la primera temporada nunca terminó de resolver era la velocidad a la que consumía material clásico de los cómics de X-Men, y estos primeros cuatro episodios de la segunda temporada sugieren que el problema persiste, aunque en menor medida. La serie adapta elementos de historias como «El ascenso de Apocalipsis» y «Las aventuras de Cíclope y Fénix» con un cariño y una fidelidad al espíritu de esas historias que cualquier fan puede apreciar, pero también con una velocidad que a veces no le da al material el espacio para respirar que necesita. El primer episodio en particular avanza tan rápido que hay decisiones narrativas importantes que se toman casi de pasada, cuando merecerían más tiempo de pantalla para que su peso emocional aterrice correctamente. Es el tipo de problema que viene de tener treinta minutos para contar historias que en los cómics necesitaron años de serialización, y aunque los guionistas manejan esa limitación con más habilidad que la mayoría, la sensación de que la serie está siempre corriendo contra el reloj no desaparece del todo.

El reparto de voces en conjunto es una de las mayores fortalezas de la serie, y esta temporada confirma lo que ya era evidente desde la primera: que la combinación entre los veteranos de la serie animada original y los nuevos talentos que se incorporaron en el revival crea algo que difícilmente se podría replicar. Cal Dodd como Wolverine, George Buza como Bestia, Lenore Zann como Rogue, siguen siendo perfectos en sus roles, con esa familiaridad que viene de haber habitado estos personajes durante décadas. Ray Chase y Jennifer Hale como Cíclope y Jean Grey, que en la primera temporada tuvieron que ganarse su lugar al lado de esos veteranos, aquí ya se sienten completamente integrados, y la química entre sus interpretaciones en las escenas con Nathan es uno de los elementos que hace que la trama del futuro funcione emocionalmente además de narrativamente. Holly Chou como Jubilee tiene su mejor material hasta ahora y lo aprovecha con una energía que da vida a un personaje que en la serie original siempre fue tratada como la chica joven que existe principalmente para identificación del público adolescente.

Hay personajes que en estos primeros cuatro episodios quedan claramente subordinados a las tramas principales y eso es una limitación real de la temporada, no algo que se pueda ignorar simplemente por la ambición general del proyecto. Morph y Rondador Nocturno tienen presencia pero no protagonismo, y dado lo que ambos personajes representan temáticamente dentro del universo X-Men, su uso tan periférico se siente como una oportunidad perdida. Wolverine, que ya en la primera temporada recibía menos atención de la que uno esperaría dado su estatus cultural, sigue siendo tratado con una austeridad que algunos fans encontrarán frustrante, especialmente porque la temporada no parece tener prisa por explorar las consecuencias de perder su adamantium. Rama-Tut, interpretado por John de Lancie con una malicia absolutamente deliciosa, aparece tan poco que uno sale de esos episodios queriendo considerablemente más de ese villano y sin estar seguro de si la serie planea dárselo o si simplemente es un elemento de fondo dentro de la trama mayor de Apocalipsis.

El cuarto episodio cierra esta primera mitad con un impacto emocional que la serie claramente venía construyendo desde el principio, y que rivaliza con los mejores momentos de la primera temporada en cuanto a capacidad para dejar al espectador procesando lo que acaba de ver. Sin revelar detalles específicos, hay una confrontación en la línea temporal del Antiguo Egipto que cristaliza todo lo que la temporada ha estado desarrollando sobre el determinismo, la moralidad de intervenir en el destino y la diferencia filosófica entre Xavier y Magneto de una manera que no necesita diálogo explicativo porque está completamente construida sobre lo que ya sabemos de ambos personajes y sobre lo que acabamos de ver de En Sabah Nur. Es el tipo de escritura que distingue a «X-Men ’97» de casi todo lo que Marvel ha producido en cualquier medio en los últimos años, esa capacidad de usar la mitología de los personajes no como decorado sino como herramienta narrativa real.

CONCLUSIÓN

La segunda temporada de X-Men ’97 estrenará sus 3 primeros episodios en exclusiva por Disney+ este 1 de julio pasando a un estreno semanal desde el 8 de julio hasta completar 9 episodios. Puedes ver el tráiler a continuación.