(8/10) – INTERESANTE THRILLER SOBRE LA FURIA HUMANA
Furia llega en un momento en que el thriller policial parecía haber agotado casi todas sus variantes: la detective atormentada, el asesino en serie escurridizo, la vida personal que se derrumba mientras el caso avanza. Sin embargo, la serie creada por Elizabeth Meriwether logra algo poco común en el género, que es sentirse distinta desde el primer capítulo. La premisa parte de una inspiración lejana en la película «Black Widow» de 1987, pero prácticamente todo lo demás fue reescrito: en lugar de una mujer que asesina a hombres ricos por dinero, tenemos a una sobreviviente de trata que ejecuta una venganza calculada contra sus antiguos abusadores. Ese giro, sumado al hecho de que uno de los objetivos es un magnate neoyorquino con gustos aberrantes hacia menores, hace inevitable pensar en Jeffrey Epstein, un nombre que ninguna de las reseñas evita mencionar directamente.
Catherine, interpretada por Lola Petticrew, es el motor emocional de la mitad «criminal» de la serie. La conocemos con una máscara de gato en Halloween, repartiendo dulces a un niño mientras arriba, en su departamento, agoniza un hombre al que acaba de inyectar fentanilo. Esa primera escena resume bastante bien el tono que persigue la serie: la violencia no se muestra como espectáculo, sino como un acto cargado de una frialdad casi infantil. Petticrew construye a Catherine con una mezcla de dureza extrema y fragilidad, alguien que puede noquear a un hombre adulto y, minutos después, aferrarse a una mochila gastada como si fuera un objeto de la niñez que nunca tuvo. Varias reseñas coinciden en que la actriz logra sostener esa contradicción sin que resulte forzada, incluso cuando el guion le exige momentos bastante extraños, como recitarle una canción de cuna a una de sus víctimas dormidas.
Del otro lado está Alice, interpretada por Emmy Rossum, quien también participa como productora ejecutiva. Es una expolicía de Nueva York que pasó a trabajar en la línea de denuncias del FBI mientras espera un puesto en la unidad de delitos sexuales. Su historia personal está marcada por una relación abusiva de años con Marshall, interpretado por Jake Lacy, quien además sigue siendo detective y termina cruzándose con ella otra vez cuando ambos equipos —FBI y policía local— se ven obligados a colaborar en el caso. Ese cruce genera una de las tensiones más comentadas entre las reseñas: lo poco creíble que resulta que las instituciones toleren semejante conflicto de intereses en una investigación de este calibre. Pero, más allá de ese detalle, lo que sostiene a Alice como personaje es la forma en que carga con su propio trauma sin que la serie la convierta en una heroína ejemplar. Busca hombres a través de aplicaciones para que la traten con violencia física durante encuentros sexuales, una conducta que ninguna reseña interpreta como algo que la serie intente justificar o suavizar, sino como una manifestación más de cómo el abuso puede quedar instalado en el cuerpo y en el deseo de una persona durante años.
Uno de los hallazgos más comentados es el personaje de Nora Washington, interpretada por Quincy Tyler Bernstine, jefa de la unidad de delitos sexuales y mentora no oficial de Alice. Nora funciona casi como la voz que traduce el subtexto de la serie en frases directas: es ella quien compara a Catherine con Medusa, recordando que la Gorgona se convirtió en monstruo después de ser víctima de una violación, y es ella quien advierte que ser víctima no vuelve a nadie mejor persona, sino más frío y más calculador. Ese tipo de afirmaciones generan opiniones encontradas entre las reseñas: algunas las leen como el momento en que la serie articula con más claridad su tesis central, mientras que otras señalan que, llevadas al extremo, pueden sonar un poco despiadadas incluso tratándose de una asesina en serie. Lo que nadie discute es el trabajo de Bernstine, descrita como una intérprete capaz de ser al mismo tiempo devastadora y sorprendentemente divertida, sobre todo cuando deja ver el cansancio de alguien que lleva demasiados años presenciando abuso sin poder cambiar demasiado la situación.
La estructura de la serie se puede leer, según las distintas reseñas, en al menos tres capas superpuestas. Está el thriller convencional de investigación policial, con el descubrimiento gradual de una red de trata que involucra a hombres poderosos protegidos durante años. Está también el juego del gato y el ratón entre Alice y Catherine, que varias reseñas comparan con dinámicas como la de Hannibal y Clarice o la de Eve y Villanelle en «Killing Eve», aunque coinciden en que «Furia» no llega del todo a ese nivel de tensión entre cazadora y presa. Y está, por último, el drama de personajes propiamente dicho, que es donde la serie parece sentirse más cómoda: dos mujeres que sufrieron formas parecidas de violencia y que terminaron procesándolas de maneras completamente distintas, una a través de la furia dirigida hacia afuera y otra a través de una furia que durante mucho tiempo se guardó hacia adentro.
El manejo del tono es otro de los puntos donde las reseñas se muestran más de acuerdo, aunque lo describan con matices distintos. No es una serie solemne, a pesar de tratar temas durísimos como la trata de menores y el abuso sexual. Hay humor negro intercalado, hay momentos que rozan lo pulposo y hay una energía casi contradictoria que combina la seriedad del tema con una construcción de personajes bastante vívida. Esa decisión se compara favorablemente con series previas del género, como «Unbelievable», que abordaba la violencia sexual desde un lugar más solemne, o «Mare of Easttown», donde la protagonista terminaba funcionando casi como una trabajadora social del pueblo. «Furia» evita ese camino: ni Alice ni Nora son presentadas como faros de bondad, y la serie parece más interesada en mostrar la sobrevivencia como algo desordenado, contradictorio y a veces poco simpático que en ofrecer modelos de conducta.
Las relaciones secundarias también aportan matices importantes al conjunto. La que se forma entre Alice y Danny Kelly, interpretado por Scoot McNairy, es descrita en más de una reseña como el respiro emocional de la serie, un vínculo que trasciende lo platónico sin caer del todo en lo romántico y que aporta ternura en medio de un relato bastante sombrío. También se destaca la escena entre Catherine y un cliente al que cuida como parte de su trabajo de cuidadora a domicilio, interpretado por Steve Way, uno de los pocos momentos en que ella baja completamente la guardia frente a un hombre sin que exista ninguna amenaza de por medio. Y está la relación entre Alice y Nora, que una de las reseñas señala como el verdadero centro emocional de la temporada: dos mujeres que se reconocen mutuamente como sobrevivientes, que son capaces de hablar con total naturalidad sobre las formas poco convencionales que puede tomar el deseo después de un trauma, y que se sostienen dentro de instituciones que las han dejado bastante al margen.
No todas las reseñas coinciden en que la construcción de Catherine funcione del todo bien. Mientras algunas destacan la intensidad de Petticrew como uno de los mayores logros actorales de la temporada, otra señala que el personaje corre el riesgo de quedar atrapado en un arquetipo ya conocido: el de la seductora inquietante con cambios de humor motivados por el trauma y con lagunas de memoria que resultan convenientes para el avance de la trama. Esa misma reseña reconoce que la soledad esencial del personaje lo vuelve difícil de conocer a fondo, ya que Catherine rara vez deja caer la máscara por completo, algo que se resume en una frase que ella misma dice con una calma que resulta bastante perturbadora, al explicar que su memoria falla porque la estrangularon demasiadas veces.
El paralelismo con el caso Epstein es, quizás, el elemento que más unifica a las cuatro lecturas, incluso cuando cada una lo aborda desde un ángulo distinto. Una de las reseñas llega a proponer que «Furia» podría estar inaugurando un subgénero propio dentro de la televisión, el del «thriller de Epstein», señalando que antes de que salieran a la luz los archivos y la magnitud real de su red de cómplices, una trama como esta podría haber sonado exagerada o poco creíble. Hoy, en cambio, se lee como algo orgánico y perturbadoramente cercano a la realidad. La dramatización de ese círculo de hombres poderosos también se destaca como uno de los aciertos más sólidos de la serie: lejos de mostrarlos unidos por una complicidad cómoda, se los retrata desconfiando entre sí, cada uno convencido de que, a pesar de sus propios actos, no es el más depravado del grupo. Ese detalle conecta con algo que atraviesa a la serie completa, que es la idea de que la complicidad frente al abuso no siempre se ve igual, y que hay muchas formas distintas de ser cómplice.
CONCLUSIÓN
En conjunto, Furia se sostiene menos por la originalidad de su trama policial y más por la manera en que retrata a sus dos protagonistas y la relación que se construye entre ellas. Es una serie que se anima a mostrar la sobrevivencia sin pulirla, sin convertirla en un relato aleccionador y sin ofrecer respuestas fáciles sobre qué significa hacer justicia cuando el sistema legal avanza demasiado lento para las víctimas. Que la propuesta funcione mejor en sus dramas íntimos que en su resolución de misterio no le resta fuerza al conjunto, y varias de las lecturas coinciden en que su mayor logro es justamente ese equilibrio entre el entretenimiento propio del género policial y una mirada más seria sobre cómo la violencia moldea a quienes la sobreviven. Con ocho episodios y un elenco que sostiene con solidez incluso los momentos más forzados del guion, la serie deja la sensación de que, más que resolver un caso, lo que realmente le interesa es preguntar qué hacemos, como sociedad, con la furia acumulada de tantas mujeres a las que durante años se les pidió que la mantuvieran callada.
Furia estrenará sus 3 primeros episodios en exclusiva por Disney+ este 27 de julio pasando a un estreno semanal todos los lunes desde el 3 de agosto hasta completar 8 episodios. Puedes ver el tráiler a continuación.
