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Camp Rock 3 | Análisis

(7/10) – WE ROCK!

Hay algo curioso en el hecho de que «Camp Rock 3» exista, y es que nadie la pidió en voz muy alta pero aparentemente todo el mundo la estaba esperando en silencio. La franquicia original tuvo dos entregas en 2008 y 2010, vivió su momento de gloria en la era dorada de las películas originales de Disney Channel y luego desapareció sin mucho ruido, dejando a una generación de millennials con las canciones pegadas en la cabeza y sin ningún cierre real. Que Disney decidiera revivir Camp Rock más de una década después dice mucho sobre cómo funciona la industria del entretenimiento ahora mismo, donde la nostalgia es prácticamente una moneda de cambio, pero lo que sorprende de esta tercera entrega es que no se limita a vender ese sentimiento de manera cínica sino que hace algo genuinamente interesante con él, que es usarlo como puerta de entrada para una historia nueva con personajes nuevos que eventualmente se sostienen solos sin necesitar el apoyo constante de los nombres que la gente reconoce. No es perfecta, tiene problemas reales que vale la pena discutir, pero es considerablemente mejor de lo que cualquier persona razonable tenía derecho a esperar de una secuela tardía de una película de Disney Channel.

La premisa es sencilla y eso es exactamente lo que necesitaba ser. Connect 3, que es el grupo ficticio que interpretan los Jonas Brothers, necesita un telonero para su gira de reencuentro y decide buscarlo en Camp Rock, el lugar que sienten como su hogar musical. Eso genera una competencia entre los campistas, que es básicamente la estructura de todas las películas de Camp Rock pero con una motivación ligeramente diferente porque el premio esta vez no es solo ganar una Final Jam sino conseguir un lugar real en una gira real con consecuencias reales para la carrera de quien lo gane. Los guionistas Eddie Faye hicieron algo inteligente con esa premisa, que es no convertirla en el centro absoluto de la historia sino usarla como marco dentro del cual los personajes nuevos pueden desarrollarse, tener conflictos entre sí, construir amistades y romances y rivalidades que importan independientemente de quién termine ganando la competencia. En eso, «Camp Rock 3» se parece más a la primera película que a la segunda, que perdió bastante el hilo de sus personajes en favor de una guerra entre campamentos que nunca terminó de funcionar emocionalmente.

El elenco nuevo es el mayor logro de la película y también su apuesta más arriesgada, porque pedirle a una audiencia que venga principalmente por los Jonas Brothers y Demi Lovato que se encariñe con cinco caras completamente nuevas en menos de noventa minutos es un desafío considerable. Pero Liamani Segura como Sage, Hudson Stone como Desi, Lumi Pollack como Rosie, Malachi Barton como Fletch y Casey Trotter como Cliff funcionan colectivamente de una manera que no estaba garantizada. Segura en particular tiene una presencia en pantalla que justifica completamente que la película la haya elegido como su protagonista central, con una voz que genuinamente impresiona y una capacidad para transmitir las tensiones internas de su personaje sin que parezca que está actuando en una obra escolar. Hay momentos donde uno se olvida completamente de que está viendo una película de Disney Channel y simplemente está mirando a alguien que claramente tiene talento de sobra para lo que le están pidiendo que haga.

La relación entre Sage y su hermano Desi es el elemento narrativo más logrado de la película y el que le da el mayor peso emocional. Los dos llegan a Camp Rock con una distancia entre ellos que la película no explica de golpe sino que va revelando gradualmente, y esa dinámica de hermanos que se quieren pero que no saben cómo volver a encontrarse en el mismo lugar emocional después de algo que los separó es el tipo de historia que «Camp Rock 3» maneja con más delicadeza de la esperada. Hudson Stone como Desi tiene la tarea difícil de ser el contrapunto de Segura sin caer en el rol de antagonista simplificado, y lo resuelve dándole al personaje una capa de vulnerabilidad que aparece en momentos específicos y que hace que uno lo entienda incluso cuando está siendo complicado. La resolución de ese arco no es sorpresiva pero está bien ejecutada, y eso es suficiente.

Sherry Cola como Lark, la mánager de Connect 3 que queda a cargo de supervisar la competencia mientras los Jonas Brothers están ocupados preparando su gira, es otro de los grandes aciertos del casting. Es el tipo de personaje que en otra película podría haberse convertido en alivio cómico sin sustancia, alguien que aparece para hacer chistes y desaparecer, pero Cola le da una energía tan específica y tan consistente que Lark termina siendo parte del corazón de la película. Cada escena en la que aparece tiene algo que funciona, ya sea un momento genuinamente gracioso o un instante donde el personaje dice algo que tiene más peso del que uno esperaba, y esa consistencia es lo que hace que funcione como sustituta de la presencia que los Jonas Brothers no pueden tener de manera constante en la narrativa.

La banda sonora cumple con lo que se le pide, que no es poco. Las canciones nuevas son pegadizas de la manera correcta, que es esa pegajosidad que no se siente fabricada en un laboratorio para generar streams sino que parece surgir de los personajes que las cantan y de lo que están viviendo en ese momento de la historia. «One Beat Away» como himno grupal hace su trabajo sin pretender ser más de lo que es, pero la canción en solitario de Rosie, que Lumi Pollack ejecuta con una precisión que sorprende dado el perfil relativamente bajo del personaje dentro del grupo, es el momento musical más memorable de toda la película y posiblemente de toda la franquicia en términos de lo inesperado que resulta. Las versiones que los campistas hacen de canciones de las películas originales como requisito de la competencia tienen el doble propósito de generar nostalgia en quien vio las películas anteriores y de establecer las diferencias entre los personajes a través de cómo cada uno interpreta el mismo material, que es un recurso narrativo más sofisticado de lo que suele verse en este tipo de películas.

Los Jonas Brothers y Demi Lovato están bien en los roles que la película les asigna, que son deliberadamente secundarios, y eso es lo correcto. Joe, Nick y Kevin aparecen lo suficiente para que la película se sienta como una continuación real de la franquicia y no como una producción que simplemente robó el nombre, pero lo suficientemente poco como para que quede claro que esta historia no es sobre ellos. Sus apariciones tienen ese sabor específico de ver a alguien que conoces de hace mucho tiempo en un contexto nuevo, y la película los usa con la inteligencia de no pedirles que finjan que son los mismos de 2008, sino de dejar que sean quienes son ahora, versiones mayores de esos personajes que han vivido cosas y que están pasando algo que les importa a sus sucesores. El cameo de Demi Lovato como Mitchie es el elemento más discutible en términos de manejo, no porque no funcione sino porque Disney anunció su participación con demasiada anticipación y arruinó lo que podría haber sido la sorpresa más emotiva de la película para los fans que crecieron con las originales.

Los antagonistas son el punto más débil de «Camp Rock 3» y hay que decirlo claramente porque es un problema que afecta el ritmo de la película en sus tramos medios. Maddie y sus Baddies, un trío de influencers de baile que llegan al campamento con actitud de superioridad y poca más sustancia que eso, son exactamente el tipo de villanos que la franquicia siempre ha tenido pero en una versión que se siente particularmente subdesarrollada. La actualización del concepto a la era de las redes sociales tiene lógica y es el tipo de movimiento que la película necesitaba para sentirse contemporánea, pero los guionistas no terminan de aprovechar esa idea más allá del concepto básico. El conflicto que generan se resuelve tan rápido y con tan poco impacto real en los personajes principales que uno llega a preguntarse si la película habría sido mejor sin ellos, usando ese espacio narrativo para profundizar en las dinámicas del grupo central que claramente tienen más material del que noventa minutos permiten explorar.

La directora Veronica Rodriguez mantiene un ritmo que no deja que la película se detenga demasiado en ningún punto, lo cual es una virtud cuando la historia necesita avanzar y un problema cuando los personajes necesitan espacio para respirar. Hay momentos donde uno siente que algo interesante está a punto de desarrollarse y la película ya pasó a otra escena, no porque lo que había no fuera importante sino porque el formato de película de noventa minutos simplemente no alcanza para todo lo que los guionistas querían contar. Esa es quizás la crítica más honesta que se puede hacer a «Camp Rock 3», que no es que la historia sea mala sino que hay demasiada historia buena comprimida en un espacio que no la puede contener completamente, lo cual paradójicamente es un problema de abundancia y no de escasez, y sugiere que la decisión de hacerla película en lugar de serie fue tal vez la equivocada.

Maria Canals-Barrera de vuelta como Connie, la madre de Mitchie que en las películas originales gestionaba la cocina del campamento, aporta una continuidad emocional que va más allá del simple cameo nostálgico. Su personaje tiene una función real dentro de la dinámica del campamento y en la historia de Sage específicamente, funcionando como figura de mentoría sin que la película lo subraye demasiado, dejando que esa relación se establezca de manera orgánica a través de momentos pequeños que se acumulan. Es el tipo de decisión de guion que diferencia a las buenas películas de Disney Channel de las mediocres, saber cómo usar a los personajes que regresan de una manera que tenga sentido dentro de la nueva historia en lugar de simplemente incluirlos porque el público los reconoce y genera una reacción positiva.

CONCLUSIÓN

Camp Rock 3 ya está disponible exclusivamente por Disney+ Latinoamerica. Puedes ver el tráiler a continuación.

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