(8/10) – TAN AMBICIOSA COMO IRREGULAR, PERO MANTIENE VIGENTE A DIGIMON COMO JRPG
Desde el primer momento, al jugar Digimon Story: Time Stranger, tuve la sensación de estar frente a una de esas entregas que no buscan ser un simple spin-off más, sino un intento serio de revitalizar lo que significa Digimon en el mundo de los JRPG. La franquicia, que lleva más de dos décadas debatiéndose entre la experimentación (Digimon Survive) y algo más convencional, aquí toma un camino intermedio: retoma lo mejor que dejó Cyber Sleuth y lo mezcla con un nuevo enfoque que apuesta por darle frescura al género de captura y crianza de monstruos. El resultado es un título que deja sensaciones mixtas, pero que evidentemente luce más ambiciosa.
Gracias a Bandai Namco Latinoamerica por el código para prensa usado en la realización de este análisis.
La historia abre con fuerza: eres un agente de ADAMAS, una organización secreta encargada de investigar anomalías que amenazan con fracturar la frontera entre el mundo real y el digital. Durante una protesta en Shinjuku, todo se sale de control: una explosión devastadora, Digimon desatados en el mundo humano, y un viaje al pasado que coloca a tu protagonista en una posición única. La premisa engancha porque juega con el viaje temporal no solo como recurso narrativo, sino como un mecanismo que refuerza la sensación de responsabilidad: cada acción pesa en un futuro que ya conociste y que quieres evitar. Es cierto que la trama no arriesga tanto como Digimon Survive, pero tiene giros efectivos y mantiene viva esa mezcla de misterio y aventura que caracteriza a la saga.
Lo que más sorprende de este nuevo enfoque es la ambientación. Iliad, el servidor digital gobernado por los Olympus XII, se siente distinto a los clásicos File Island o Digital City. Aquí hay un aire mitológico, casi épico, que otorga mayor escala a la aventura. Los Digimon inspirados en deidades griegas funcionan como guardianes del relato y, en ocasiones, como antagonistas cuya sola presencia impone. Este cambio de atmósfera ayuda a que el juego se sienta nuevo incluso para quienes llevan años en la franquicia. Personalmente, cada encuentro con estos Digimon legendarios me recordaba que no estaba en un terreno de rutina, sino frente a un mundo que exigía respeto.
A nivel de jugabilidad, Time Stranger sigue apostando por el combate por turnos, pero lo hace con un refinamiento que merece reconocimiento. El clásico triángulo Vacuna-Virus-Datos está de regreso, acompañado por un sistema elemental que amplía las posibilidades de daño y resistencia. Esto obliga a mantener un equipo variado y flexible, ya que ningún Digimon es invencible por sí mismo. Además, el nuevo sistema de Cross Arts añade un toque estratégico al permitir ataques especiales cuando llenas la barra correspondiente, integrando al protagonista en el flujo de la batalla sin romper la coherencia. No inventa la rueda, pero pule lo que ya existía.
El gran punto de enganche, como era de esperarse, está en la crianza y personalización de Digimon. Aquí el juego brilla con fuerza. Con más de 450 criaturas disponibles, incluyendo alrededor de 100 nuevas respecto a Hacker’s Memory, el abanico de posibilidades es inmenso. Puedes digievolucionar, des-digievolucionar y ajustar habilidades según tus necesidades. Y lo mejor es que ya no dependes de terminales externas: todo se gestiona desde tu Digivice, lo que aporta comodidad y dinamismo en plena partida. Esta flexibilidad hace que cada equipo sea único y que el jugador pueda experimentar sin sentir que está perdiendo tiempo.
La progresión del equipo también fue rediseñada con inteligencia. Tus Digimon ganan experiencia incluso cuando no están en la línea principal, lo que evita la clásica frustración de tener que grindear desde cero a los nuevos integrantes. Esto, combinado con la posibilidad de rotar miembros activamente en combate, da la sensación de que siempre estás jugando con todo tu elenco y no solo con un trío fijo. Es una decisión de diseño que equilibra la accesibilidad con la complejidad, y en mi experiencia, logra que quieras probar más combinaciones en lugar de casarte con un solo grupo.
Ahora bien, no todo es perfecto. Aunque el sistema de crianza es un sueño para los fans, el diseño de mazmorras no siempre está a la altura. Los mapas son relativamente pequeños, conectados por pasillos que se sienten repetitivos. Esta limitación espacial contrasta con la ambición del guion y el tamaño de la plantilla de Digimon. A veces parece que el juego quisiera volar más alto, pero lo atan unos entornos que no dejan huella. Sí, hay momentos visualmente atractivos, pero en general, explorar se convierte en un trámite en lugar de una aventura memorable.
Los combates, aunque entretenidos en su núcleo, sufren de cierta irregularidad en su dificultad. La mayoría de los encuentros comunes resultan demasiado fáciles y terminan siendo un simple puente para acumular datos de Digimon. La función de combate automático y la posibilidad de acelerar las batallas ayudan a agilizar, pero también refuerzan la sensación de repetición. Por otro lado, algunos jefes imponen picos de dificultad abruptos que obligan a grindear o a replantear equipos de manera forzada. Esa falta de consistencia resta fluidez a una experiencia que, por lo demás, tiene mucho potencial táctico.
En el apartado narrativo, hay que reconocerle a Time Stranger el esfuerzo por contar una historia cohesionada. Sin embargo, el papel del protagonista silencioso y la falta de elecciones reales debilitan un poco la promesa de un viaje en el tiempo que debería estar lleno de dilemas. El guion opta por ser lineal y directo, lo que garantiza claridad, pero también desaprovecha la oportunidad de involucrar más al jugador en las consecuencias de alterar el pasado. Queda la sensación de que podrías haber sido un espectador más que un agente de cambio.
El trabajo de doblaje tampoco ayuda demasiado. Aunque el audio japonés cumple y aporta intensidad en escenas clave, el inglés suena rígido y poco natural. A eso se suma que muchas interacciones están acompañadas por animaciones básicas, con personajes estáticos que gesticulan lo justo. Esto le resta dramatismo a momentos que podrían haber sido memorables. Es curioso porque, en contraste, la música brilla con fuerza: la banda sonora es uno de los grandes aciertos del juego. Los temas de batalla, especialmente en enfrentamientos contra los Olympus XII, son pura adrenalina, mientras que las melodías de exploración crean atmósferas envolventes.
Visualmente, la versión de PC luce más que bien. Los modelos de los Digimon están trabajados con detalle y transmiten personalidad incluso en criaturas menos populares. Los efectos de habilidades también son un festín de color, muy por encima de lo que vimos en entregas anteriores. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de los escenarios, que en ocasiones exhiben caídas de rendimiento y texturas poco cuidadas. Es un contraste raro: monstruos espectaculares moviéndose en pasillos genéricos.
A nivel técnico, la versión de PC ofrece ventajas evidentes. La estabilidad general es buena, los tiempos de carga son cortos y el juego corre de manera sólida en equipos de gama media. Eso sí, todavía hay pequeñas caídas de fotogramas en zonas más cargadas, lo que sorprende considerando que no son espacios tan amplios ni complejos. No es un desastre, pero sí un detalle que recuerda que el pulido final podría haber sido mejor.
Un aspecto positivo que merece subrayarse es la localización. Que el juego llegue con subtítulos completos en distintos idiomas, incluyendo portugués de Brasil, demuestra que Bandai Namco escuchó a la comunidad. Digimon siempre ha tenido una base de fans fuerte en América Latina, y ese reconocimiento hace que la experiencia se sienta más cercana. Personalmente, creo que este tipo de decisiones son tan valiosas como cualquier mejora jugable porque refuerzan el vínculo con quienes llevan años apoyando la saga.
El contenido, además, está pensado tanto para veteranos como para novatos. Los guiños a las primeras temporadas del anime son un regalo para quienes crecimos con Agumon y compañía, pero al mismo tiempo la narrativa no exige conocimientos previos para disfrutarse. Incluso alguien nuevo puede engancharse con el viaje entre Tokio y el Mundo Digital, aunque los fans de toda la vida encontrarán más capas de nostalgia en cada paso.
La progresión del juego, pese a sus tropiezos de ritmo, recompensa la paciencia. Al inicio puede parecer que repites demasiadas misiones o que las anomalías no aportan variedad, pero a medida que avanzas, la historia amarra bien sus cabos y logra dar un desenlace satisfactorio. El viaje no es revolucionario, pero cumple con ofrecer un cierre que se siente merecido. Eso, en un género donde las tramas a menudo se pierden en el camino, es un mérito considerable.
Lo que más me quedó después de decenas de horas no fueron las batallas contra jefes ni las cinemáticas de alto impacto, sino los pequeños momentos con mis Digimon. Ver cómo evolucionaban, retrocedían o adquirían nuevas habilidades en respuesta a mis decisiones fue lo que me mantuvo enganchado. Esa sensación de criar un equipo único, moldeado a tu estilo, es la verdadera magia de Time Stranger. Es ahí donde el juego se diferencia de otros competidores y se acerca a lo que siempre quiso ser: una experiencia de crianza y combate que va más allá del coleccionismo superficial.
Claro que, como todo buen RPG, también exige tolerancia al “grindeo”. Quienes disfruten dedicar horas a perfeccionar combinaciones de habilidades y digievoluciones estarán en su paraíso. Pero si lo que buscas es un viaje más directo y dinámico, probablemente te frustres con lo que aquí se percibe como una invitación constante a experimentar y ajustar. En mi caso, ese nivel de complejidad fue un punto a favor, aunque entiendo que puede dividir a la comunidad.
Al final, Digimon Story: Time Stranger se siente como un paso adelante dentro de la saga, con la madurez suficiente para mirar hacia atrás y aprender de sus errores. Tiene defectos claros: un combate que a veces se siente repetitivo, personajes humanos poco memorables, escenarios limitados y un doblaje irregular. Pero también tiene fortalezas incuestionables: un sistema de crianza profundo, un mundo digital con personalidad propia, una historia que engancha y un repertorio de Digimon que es pura abundancia.
¿Es el mejor juego de Digimon hasta la fecha? Difícil afirmarlo. Quizás todavía no alcanza la innovación narrativa de Survive ni logra el mismo equilibrio de Cyber Sleuth. Pero sí es, sin duda, un título que mantiene viva la franquicia y le recuerda al jugador por qué seguimos volviendo a ella después de tantos años. Para los fans, es un viaje casi obligado; para los curiosos, una puerta de entrada sólida. Y para mí, tras más de 60 horas de juego, una experiencia imperfecta, pero entrañable.
CONCLUSIÓN
Digimon Story: Time Stranger es un título irregular pero con alma. Sus defectos en combate, narrativa y presentación pesan demasiado como para considerarlo una obra redonda, pero sus virtudes en crianza, arte y música impiden descartarlo como un fracaso. Es un paso intermedio, un experimento ambicioso que tropieza, pero que al menos abre la puerta a un futuro más sólido para la franquicia. Para los fans de Digimon, ofrece momentos memorables; para los recién llegados, puede ser una experiencia exigente y desigual. En cualquier caso, es una obra que merece ser discutida, precisamente porque intenta ir más allá del simple coleccionismo y arriesgarse a contar algo diferente.
Digimon Story: Time Stranger llegará el próximo 2 de octubre a PC a través de Steam, PlayStation 5 y Xbox Series X|S. Puedes ver el tráiler de la demo a continuación.
