Icono del sitio Hablemos con Spoilers

Dragon Quest I & II HD-2D Remake | Análisis (PC)

(8/10) – ESENCIAL, SOBRETODO POR LA SEGUNDA PARTE

El lanzamiento de Dragon Quest I & II HD-2D Remake ofrece una fascinante historia de dos extremos, demostrando que la modernización extrema de un clásico puede ser tan arriesgada como necesaria. Este paquete doble de JRPGs fundacionales, creado con el aclamado motor HD-2D, exhibe una calidad visual y sonora que lo convierte indiscutiblemente en la versión definitiva de los orígenes de la saga. Sin embargo, las decisiones de diseño aplicadas a su jugabilidad resultan en una experiencia de calidad muy desigual: un título fue revitalizado hasta la perfección, mientras que el otro, paradójicamente, fue desequilibrado por un exceso de ambición. La belleza estética es incuestionable: el HD-2D confiere una «sensación de fantasía» y una «grandiosidad» a los entornos, con sprites detallados, fondos 3D ricos y una iluminación dramática que transforma los humildes reinos de Alefgard. A esto se suma la banda sonora orquestal, que eleva las composiciones de Koichi Sugiyama a un nivel sinfónico, creando una atmósfera épica que «justifica por sí solo la inmersión». No obstante, esta impecable presentación pronto se topa con la frustración de un diseño fallido en el primer juego, contrastando fuertemente con la estrategia lograda en su secuela.

Gracias a Square Enix Latinoamerica por el código para prensa usado en la realización de este análisis.

La ambición narrativa es uno de los mayores triunfos de este remake, pues no solo rescata las historias simples de los originales, sino que las inyecta con una profundidad y coherencia nunca antes vistas. Ambos juegos han recibido una «excelente revisión narrativa», con nuevos diálogos, arcos argumentales y voice acting en momentos clave, lo que «fortalece la conexión emocional con los héroes» y enriquece el universo de la Trilogía de Erdrick. En Dragon Quest I, el héroe solitario recibe un contexto más rico, y la Princesa Gwaelin ya no es una simple «damisela en apuros», sino que tiene «mucha más personalidad y presencia». No obstante, donde esta expansión narrativa brilla con luz propia es en Dragon Quest II, donde el grupo de protagonistas —incluida la nueva incorporación de la Princesa de Cannock como personaje jugable— se siente como un equipo «vivo y vibrante», cuyas interacciones exploran temas como el miedo, la venganza y el crecimiento, logrando un desarrollo de personajes «magistralmente escrito» y una de las historias «más apasionantes y con mejor ritmo que la serie haya visto jamás».

El problema cardinal de esta colección reside en el sistema de combate de Dragon Quest I, que ha sido esencialmente roto por la ambición de modernizarlo. El diseño original de un héroe solitario enfrentando a un solo enemigo fue descartado para introducir docenas de habilidades, el uso de Sigils y, de forma fatal, encuentros con múltiples enemigos que a menudo atacan varias veces por turno. Este cambio sobrecarga el sistema, ya que la capacidad de curación y mitigación de daño del único héroe es superada por la fuerza bruta de los monstruos, cuyo daño infligido es superior a lo que el personaje puede soportar. El resultado es un combate que se vuelve una «locura», injusto, y dependiente de la suerte —que un hechizo de curación golpee críticamente en el momento preciso para evitar la muerte—, lo que a su vez obliga a los jugadores a un grinding adicional solo para sobrevivir a los picos de dificultad. La sencillez original se ha reemplazado por un desequilibrio que frustra y, en la recta final, se reduce a la «palabrota que habría soltado mi abuela», según la divertida y personal perspectiva de uno de los analistas.

En total contraste, el sistema de combate de Dragon Quest II es el pináculo de este remake y su gran acierto estratégico, demostrando que estas nuevas mecánicas funcionan «a la perfección» con la dinámica de grupo. La expansión a cuatro miembros del equipo, cada uno con roles bien definidos —el Príncipe de Midenhall como fuerza física, la Princesa de Moonbrooke como poder ofensivo, y los príncipes de Cannock como apoyo híbrido—, absorbe toda la complejidad añadida. Los mismos Sigils y la vasta variedad de habilidades que desequilibraron el primer juego, aquí se convierten en la base de «innumerables combinaciones estratégicas» que permiten al jugador reaccionar a la adversidad. Este enfoque «casi perfecto» logra que el juego alcance finalmente la complejidad que ansiaba en 1987, ofreciendo un combate «divertido y bien equilibrado» sin los picos de dificultad injustos que plagaban tanto al original como a la nueva versión de su predecesor.

La exploración en ambos títulos ha sido drásticamente mejorada para recompensar la curiosidad y mitigar la necesidad de grinding. La adición de Mini Medallas (por primera vez en DQ1 y DQ2) y los Secret Spots visualmente destacados hacen que el mundo esté «constantemente incentivado y recompensador». Este contenido adicional, junto con los Pergaminos ocultos que otorgan nuevas habilidades y hechizos, hace que el jugador se fortalezca de forma natural a lo largo de la aventura. Esto es particularmente relevante en DQ1, donde el contenido adicional y los motivos para explorar «eliminan la necesidad de moler», aunque, como se mencionó, el diseño de combate subsiguiente anula gran parte de este beneficio al exigir una supervivencia forzada.

La expansión del mundo en Dragon Quest II es vasta y coherente, con el alcance de la aventura ampliándose aún más con la inclusión de áreas submarinas. Sin embargo, no todas las adiciones son un éxito rotundo; los analistas señalan que la exploración submarina es «lenta y engorrosa», y si bien hay objetos valiosos y nuevos arcos narrativos, este tramo se siente a veces innecesariamente tedioso. De manera similar, la nueva mazmorra necesaria para desbloquear el «final verdadero» es descrita como un «ejercicio interminable de tedio y desesperación», sugiriendo que, incluso en el juego mejor diseñado del paquete, persiste la tentación de prolongar la duración con contenido extenuante.

A pesar de las notables modernizaciones, los juegos mantienen un apego a elementos tradicionales que pueden resultar rígidos para los recién llegados, como el inventario individualizado, la imposibilidad de seleccionar enemigos específicos en grupos idénticos, y la necesidad de revivir personajes y eliminar maldiciones en la iglesia. Esto, sumado al ya mencionado desequilibrio en el primer juego, hace que estos remakes difícilmente cambien la opinión de aquellos que ya tenían aversión a la saga. La experiencia en PC se beneficia enormemente de las mejoras de Calidad de Vida (QoL), como los marcadores de misión, los indicadores de vulnerabilidad en combate y, sobre todo, la posibilidad de acelerar los combates y el texto, convirtiendo estas opciones en herramientas esenciales y no solo en conveniencias.

No obstante, las opciones de accesibilidad granular son una decepción clara en la versión para PC. Aunque se puede acelerar la batalla y el movimiento, el tamaño del texto permanece fijo y «un poco pequeño para quienes tienen problemas de visión», y la ausencia de opciones para daltónicos es un punto negativo. Además, los niveles de dificultad (fácil, normal, difícil) vienen con «restricciones predefinidas», lo que significa que el modo fácil incluye la «invencibilidad», impidiendo que los jugadores ajusten el desafío sutilmente sin eliminar por completo la dificultad. Esta falta de controles finos demuestra una interfaz que, aunque mejorada, no ha abrazado completamente las expectativas de personalización de los juegos de rol modernos.

La conexión emocional del remake se siente particularmente fuerte en el contraste entre el legado y la modernidad. Uno de los analistas confiesa que las adiciones a DQII le encantan precisamente porque nunca le gustó el original, mientras que su apego nostálgico a la simplicidad del DQI —el último juego que vio jugar a su abuela— le hace lamentar que el remake no honrara esa sencillez. Esta reflexión subraya que Dragon Quest I perdió su esencia en el intento de ser más de lo que necesitaba, mientras que Dragon Quest II por fin se convirtió en el juego que siempre debió ser.

CONCLUSIÓN

Dragon Quest I & II HD-2D Remake está disponible ya mismo en PC a través de Steam, en PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 1|2. Puedes ver el tráiler de lanzamiento a continuación.

Salir de la versión móvil