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GEN V (Temporada 2) | Análisis

(7/10) – YA NO SORPRENDE PERO MANTIENE EL NIVEL

La segunda temporada de Gen V llega con una carga complicada: no solo debe sostenerse como spin-off de The Boys, sino también probar que puede crecer por su cuenta en un panorama saturado de series de superhéroes. La primera temporada había sorprendido por la frescura con la que abordaba a un grupo de jóvenes con poderes enfrentándose a traumas propios de la adolescencia, logrando que lo grotesco y lo satírico convivieran con una mirada más íntima. Esta vez, el desafío era aún mayor, no solo por la necesidad de consolidar a la serie, sino también por el golpe real que significó la muerte de Chance Perdomo, actor que interpretaba a Andre. La forma en que el equipo lidia con esa ausencia marca buena parte de lo que funciona, y también de lo que falla, en estos nuevos episodios.

La ausencia de Perdomo es tratada con respeto, pero la decisión de convertir a Andre en una especie de mártir deja sensaciones encontradas. Por un lado, sirve como motor emocional para personajes como Emma, Jordan e incluso Polarity, su propio padre, que adquiere más protagonismo en esta temporada. Por el otro, la manera en que se narra su muerte, fuera de pantalla, genera un vacío dramático que la trama nunca termina de llenar del todo. Es como si la serie intentara transmitir un peso que no consigue materializar, dejando a los espectadores con la sensación de que la historia se apoya en un fantasma al que nunca llegamos a ver despedirse. Este desequilibrio termina siendo uno de los principales lastres de la temporada.

Aun así, Gen V logra momentos en los que se siente más sólida y madura que antes. El personaje de Marie vuelve a ocupar el centro, pero con un desarrollo que busca darle más profundidad. Su recorrido entre la culpa, la búsqueda de respuestas sobre su familia y la presión de Cipher, el nuevo decano, la colocan en una posición de heroína trágica. Jaz Sinclair entrega una actuación convincente, aunque a ratos el guion no le da material suficiente para que brille tanto como debería. La serie insiste en subrayar su importancia para el futuro del universo de The Boys, pero lo hace más a nivel discursivo que narrativo. Aun así, hay destellos en los que su viaje se siente sincero, especialmente en las escenas donde debe enfrentar la posibilidad de que su propio poder pueda ser explotado o manipulado.

La incorporación de Hamish Linklater como Cipher es, sin dudas, lo más destacado del reparto. Su villano es una mezcla de predicador, académico y fanático autoritario, lo que lo convierte en un antagonista que, aunque caricaturesco en ciertos momentos, logra incomodar y mantener la tensión. Su discurso sobre los «supes» como una especie superior funciona como espejo deformado de los temas centrales de The Boys, y aunque la serie no siempre explota esa dimensión política con toda la fuerza posible, Linklater logra elevar cada escena en la que aparece. Es, sin discusión, la gran adición de esta temporada y la figura que impide que el relato se desmorone.

Donde la serie muestra mayor irregularidad es en su tono. Mientras algunos episodios apuestan por la sátira y la exageración grotesca que caracterizan a la franquicia, otros se inclinan por un enfoque más íntimo y casi detectivesco, con los personajes investigando archivos, secretos enterrados y traiciones internas. Esta dualidad puede ser atractiva para algunos espectadores, ya que amplía los registros de la serie, pero también genera la sensación de que no hay una línea clara que una todos los elementos. La primera temporada había encontrado su voz con rapidez; en esta segunda, Gen V parece debatirse entre ser un spin-off independiente o convertirse en una pieza más del rompecabezas que prepara el desenlace de The Boys.

La dinámica del grupo principal sufre altibajos similares. Emma y Jordan continúan siendo personajes con potencial, pero sus arcos no avanzan demasiado respecto a lo que ya vimos antes. Recaen en conflictos repetitivos —ella con sus problemas para controlar su tamaño, él con su identidad y la aceptación— que la serie usa como excusas dramáticas sin ofrecer un verdadero crecimiento. Por contraste, personajes como Sam y Cate logran destacar, en parte porque se exploran sus heridas emocionales de una manera menos superficial. Ambos encarnan el trauma de haber sido moldeados desde la infancia como armas, y ahí la serie sí ofrece momentos potentes que conectan con el espectador.

La introducción de Polarity como figura paterna golpeada por la pérdida de su hijo aporta un ángulo distinto. Sean Patrick Thomas interpreta con sensibilidad a un hombre roto, que intenta ayudar a los jóvenes a la vez que enfrenta su propia decadencia física. Su presencia no solo aporta gravedad emocional, sino que además funciona como recordatorio de que los padres en este universo no son simples figuras ausentes o corruptas, sino que también pueden ser víctimas de un sistema que exprime a las personas con poderes hasta dejarlas sin nada. Su arco, aunque secundario, se convierte en uno de los más humanos y efectivos de la temporada.

En términos narrativos, la temporada apuesta por expandir las conexiones con The Boys. Los cameos de personajes como Starlight funcionan mejor que antes porque están mejor integrados, sin robar cámara pero sí marcando la relevancia de los hechos para la historia mayor. Sin embargo, esta integración también tiene un costo: Gen V deja de sentirse como una obra con identidad propia y pasa a ser más un engranaje de transición. Buena parte de los episodios giran alrededor de preparar el terreno para lo que vendrá en la quinta temporada de The Boys, y aunque eso entusiasme a los fans del universo, debilita la independencia narrativa del spin-off.

El apartado visual y estilístico mantiene la crudeza y el exceso característicos de la franquicia, pero con menos sorpresas que en la primera entrega. Hay escenas de violencia gráfica llamativas, sí, pero ninguna alcanza el impacto de los momentos más extremos del debut. En su lugar, la temporada opta por reforzar el suspenso y el drama emocional, lo que en teoría es positivo, pero en la práctica deja un vacío para quienes esperan la irreverencia desatada que siempre fue la marca de The Boys. Es como si la serie se hubiese moderado en exceso, perdiendo parte de su atractivo inicial.

El gran problema de esta segunda temporada es que oscila demasiado entre lo prometedor y lo frustrante. Tiene actuaciones sólidas, un villano memorable y algunos momentos de genuina tensión dramática, pero también recurre a tramas repetitivas, personajes que no evolucionan y una dependencia demasiado marcada del universo mayor. Gen V podría haber aprovechado su escenario universitario para seguir explorando con frescura los traumas juveniles y las contradicciones de crecer bajo el peso de ser un superhéroe, pero en lugar de eso termina cayendo en clichés de conspiraciones y experimentos secretos que ya hemos visto antes.

CONCLUSIÓN

La segunda temporada de Gen V estrenará sus 3 primeros episodios el 17 de septiembre, estrenando un nuevo episodio cada miércoles hasta el 1 de octubre en exclusiva por Prime Video. Puedes ver el tráiler a continuación.

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