Haz que regrese (Bring Her Back) | Análisis

(9/10) – UNA DE LAS MEJORES EN UNO DE LOS MEJORES AÑOS PARA EL CINE DE HORROR

El segundo largometraje de Danny y Michael Philippou, Bring Her Back, confirma que los hermanos australianos no quieren ser una moda pasajera en el terror contemporáneo. Tras el inesperado fenómeno de Talk to Me, las expectativas estaban por las nubes, y aunque esta nueva propuesta tiene momentos en los que pierde el rumbo, lo cierto es que consigue dejar una huella incómoda, visceral y difícil de olvidar. Aquí no hay espacio para el alivio fácil o para la típica estructura de sustos predecibles; lo que proponen los Philippou es un descenso a la manipulación emocional, al dolor familiar y al poder destructivo del duelo cuando se transforma en obsesión.

La historia se centra en Andy (Billy Barratt) y Piper (Sora Wong), dos hermanos que quedan huérfanos tras la repentina muerte de su padre. La situación es especialmente dura porque Piper es ciega y depende en gran medida de Andy, que apenas tiene 17 años. Su intención es hacerse cargo de ella legalmente cuando cumpla la mayoría de edad, pero antes ambos terminan bajo el cuidado de Laura (Sally Hawkins), una mujer marcada por la pérdida de su propia hija. Es allí donde la película se convierte en un juego de espejos entre la necesidad de afecto, la manipulación y los límites de lo que una figura adulta puede justificar en nombre del amor.

Uno de los grandes aciertos del filme es la interpretación de Sally Hawkins, que se aleja por completo de la dulzura y calidez que muchos asocian a ella por trabajos previos. Aquí construye un personaje inquietante, ambiguo y profundamente trágico. Laura no es la típica villana de caricatura; su dolor es tan real que llega a confundirse con sus motivaciones, y lo aterrador es que cree sinceramente que lo que hace está bien. Hawkins logra que su presencia sea tan magnética como incómoda: en una misma escena puede ser casi maternal con Piper y, segundos después, despiadada con Andy. Ese contraste convierte cada aparición suya en un terreno inestable para el espectador.

El trabajo de los jóvenes actores también merece mención. Billy Barratt transmite con honestidad la vulnerabilidad de Andy, un adolescente que carga con demasiado peso sobre sus hombros y que lucha contra la etiqueta de «problemático» que el sistema le ha impuesto. Hay momentos en los que se le nota roto, tratando de mantener la compostura por su hermana aunque esté al borde de desmoronarse. Sora Wong, por su parte, sorprende en su debut, aportando una ternura y naturalidad que hace más doloroso verla envuelta en la red de manipulaciones de Laura. Y aunque su papel es secundario, Jonah Wren Phillips como Oliver, el otro niño de acogida, se roba varias escenas con una interpretación perturbadora que se mueve entre lo inocente y lo monstruoso.

La atmósfera que construyen los Philippou es uno de los grandes pilares de Bring Her Back. Desde el diseño de la casa de Laura, con esa extraña piscina triangular y espacios que parecen acogedores pero esconden algo torcido, hasta los rituales grabados en VHS que introducen un componente sobrenatural, todo está diseñado para mantener al espectador en alerta. Sin embargo, no siempre logran mantener el equilibrio entre lo psicológico y lo fantástico. En algunos momentos, las imágenes de rituales y el exceso de violencia parecen añadidos más pensados para impactar que para enriquecer la trama, como si los directores no confiaran del todo en que la dinámica entre los personajes fuera suficiente para sostener la tensión.

Dicho esto, cuando la película se centra en la relación de Andy y Piper con Laura, alcanza su mayor fuerza. Las escenas en las que Laura sabotea la confianza entre los hermanos son particularmente crueles y efectivas, porque tocan un miedo universal: la posibilidad de que alguien a quien amas deje de creer en ti. La manipulación psicológica se siente mucho más escalofriante que los momentos sangrientos, porque es un terror reconocible, que remite al abuso en sistemas de acogida o al poder que un adulto puede ejercer sobre niños vulnerables. Es ahí donde Bring Her Back se conecta con la tradición de horrores familiares como Hereditary o incluso The Others, más que con la típica película de posesiones o maldiciones.

En el terreno técnico, la película luce impecable. Aaron McLisky, director de fotografía de Talk to Me, repite aquí con un estilo visual que combina cercanía e incomodidad. Sus encuadres transmiten la sensación de estar atrapado en una casa que se vuelve más claustrofóbica conforme avanza la historia. Los primeros planos, muchas veces demasiado cercanos, subrayan el desconcierto de los personajes y refuerzan la tensión emocional. La música, aunque no siempre memorables, acompaña con eficacia, evitando caer en los golpes de sonido fáciles que tantas veces arruinan la atmósfera de terror moderno.

El problema principal de Bring Her Back es que, en su ambición, a veces dispersa demasiado sus ideas. La película parece querer abarcarlo todo: trauma familiar, crítica al sistema de acogida, rituales sobrenaturales, violencia explícita y hasta reflexiones sobre la adolescencia. El resultado es irregular, con un primer acto sólido, un desarrollo lleno de picos de intensidad y un clímax que puede sentirse sobrecargado. Es como si los Philippou aún estuvieran buscando la forma de canalizar mejor sus obsesiones, y aunque eso genera momentos fascinantes, también deja la sensación de un conjunto menos cohesionado que el de Talk to Me.

Aun con sus excesos, no se puede negar que la película es efectiva. Pocas producciones recientes logran transmitir tanta incomodidad sostenida. Hay secuencias que se quedan grabadas en la memoria, no tanto por su brutalidad gráfica, sino por el dolor emocional que transmiten. La forma en que Andy es desacreditado frente a Piper, o la manera en que Oliver se convierte en un recordatorio constante de que la infancia también puede ser un espacio de horror, son ejemplos de cómo los Philippou entienden que el verdadero miedo surge cuando lo íntimo y lo cotidiano se tuercen.

En definitiva, Bring Her Back no es una obra perfecta, pero sí es una confirmación del talento de los Philippou y de su disposición a incomodar al público sin concesiones. Puede que no todos sus experimentos narrativos funcionen, pero la mezcla de actuaciones intensas, atmósfera opresiva y una historia que combina lo personal con lo sobrenatural hacen que sea una experiencia difícil de ignorar. Es una película que divide, que puede frustrar por su exceso, pero que también se agradece por su valentía al ir más allá de los sustos fáciles y poner sobre la mesa un retrato oscuro del duelo y la manipulación.

CONCLUSIÓN

Haz que regrese llega a los cines peruanos el próximo jueves 21 de agosto. Puedes ver el tráiler a continuación.