(7.8/10) – RECOMENDADA
Después de una larga historia de adaptaciones fallidas, Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos llega con la promesa de ofrecer una nueva visión sobre el cuarteto fundacional del universo Marvel. Bajo la dirección de Matt Shakman, el filme se sitúa en una Tierra alterna y estilizada, alejada de la continuidad del MCU, y con un elenco de peso liderado por Pedro Pascal, Vanessa Kirby, Joseph Quinn y Ebon Moss-Bachrach. Pero ¿logra finalmente romper la maldición que ha perseguido a estos personajes por décadas?
Desde su primer fotograma, la película deja claro que no quiere perder el tiempo en introducciones tradicionales. En lugar de un origen paso a paso, se nos lanza directamente a una realidad donde los Cuatro Fantásticos ya son celebridades. Un segmento inicial en forma de programa de televisión estilo retro nos pone al día sobre su origen, su misión espacial y cómo terminaron con superpoderes debido a la exposición a radiación cósmica. Es una estrategia ágil, aunque arriesgada, que deja fuera una conexión emocional inicial con los personajes si el espectador no llega ya con conocimientos previos.
La historia principal gira en torno a un evento íntimo pero con repercusiones cósmicas: Sue Storm está embarazada, y este embarazo despierta el interés del mismísimo Galactus, devorador de mundos, quien desea absorber la conciencia del bebé para liberarse de su insaciable hambre. Esta premisa, que remite a dilemas míticos como el sacrificio de Isaac, añade un peso dramático inusual para el cine de superhéroes. La propuesta se arriesga al tratar temas existenciales a través del lente del melodrama familiar, y aunque no siempre logra sostener esa ambición, la valentía del enfoque es digna de reconocimiento.
Visualmente, la película es deslumbrante. El diseño de producción de Kasra Farahani es una de sus principales fortalezas, ofreciendo un mundo que fusiona lo retro con la ciencia ficción futurista. La estética de “Tierra 828” es rica en detalles y referencias culturales anacrónicas que otorgan una textura única al universo narrativo. Hay una sensación de estar viendo una versión idealizada de los años 60 que mezcla nostalgia con innovación. Este estilo ayuda a separar la película del resto del MCU y le otorga una personalidad visual propia.
Las actuaciones varían en impacto, aunque el grupo principal entrega interpretaciones comprometidas. Pedro Pascal como Reed Richards ofrece un enfoque contenido y cerebral, a veces demasiado frío, pero su dinámica con Vanessa Kirby (Sue) proporciona los momentos más humanos de la historia. Kirby, por su parte, se destaca en escenas cargadas de angustia y ternura, logrando transmitir la lucha interna de una madre atrapada entre el deber y el amor. Su química es uno de los pilares emocionales del filme.
Joseph Quinn y Ebon Moss-Bachrach, como Johnny Storm y Ben Grimm, respectivamente, no reciben el mismo nivel de desarrollo. La cinta parece más interesada en la pareja central, lo que deja a estos dos personajes relegados a roles secundarios. Aun así, Moss-Bachrach logra imprimirle alma a La Mole, especialmente en sus escasas pero entrañables interacciones con una maestra interpretada por Natasha Lyonne. Quinn, por otro lado, aporta energía juvenil, aunque su Antorcha Humana carece del carisma arrollador que se esperaría del personaje.
Uno de los elementos más polémicos y memorables de la película es la representación del villano. Galactus ya no es simplemente una amenaza abstracta sino una figura trágica y agotada, que busca redención en una nueva forma de existencia. La metáfora es potente, aunque algo confusa en su desarrollo narrativo. Julia Garner como Silver Surfer sirve como intermediaria, ofreciendo una presencia inquietante y ambigua que nunca termina de definirse del todo.
La música de Michael Giacchino no alcanza sus mejores trabajos, en parte porque opta por una sonoridad más austera que épica. Aunque esta decisión puede haber sido deliberada para reflejar la introspección del guion, su falta de fuerza emocional limita el impacto de ciertas secuencias clave. En momentos que deberían emocionar o inspirar, la música simplemente acompaña, sin elevar.
Narrativamente, la película padece de una estructura irregular. Si bien inicia con impulso, a mitad de camino comienza a flaquear por su dependencia de diálogos explicativos disfrazados de momentos dramáticos. A pesar del tono serio y de los actores comprometidos, hay tramos que se sienten forzados o incluso pretenciosos. El guion, firmado por cuatro escritores, parece atrapado entre querer ser una obra de teatro familiar y una película de acción, sin terminar de dominar ninguna de las dos vertientes.
Las secuencias de acción, aunque bien ejecutadas, no ofrecen nada nuevo. Se sienten como una obligación más que como momentos narrativos orgánicos. El clímax, una vez más, termina reduciéndose a destrucción masiva y carreras contra el tiempo, una fórmula repetida hasta el cansancio en el género. Aquí es donde Primeros Pasos más se traiciona a sí misma, cayendo en el mismo molde que pretendía evitar.
La comparación con Los Increíbles de Brad Bird es inevitable. Esa cinta animada logró capturar el espíritu de los Cuatro Fantásticos sin necesidad de tenerlos. Primeros Pasos intenta retomar esa idea de una familia de superhéroes, pero no tiene la misma ligereza ni fluidez narrativa. En su afán por tomar en serio a los personajes, olvida a ratos que parte del encanto del cómic original estaba en su sentido de maravilla y aventura desenfadada.
Aun así, sería injusto no reconocer que esta es, de lejos, la mejor adaptación cinematográfica del equipo hasta la fecha. A diferencia de las versiones de 2005, 2007 y 2015, Primeros Pasos tiene alma, intención artística y un esfuerzo genuino por explorar a los personajes como personas antes que como íconos. No es perfecta, pero sí es una película con identidad.
El ritmo también juega en su contra. A pesar de ser una de las entregas más breves de Marvel, la película se siente más larga de lo que es debido a su cadencia melancólica y su apuesta por los silencios. Si el espectador entra en sintonía con ese tono, encontrará una propuesta distinta. Si no, probablemente la sentirá pesada y lenta, como han apuntado algunas críticas.
Finalmente, presiento que la recepción del público será dividida. Algunos destacarán su valor estético y su enfoque humano, mientras otros la tildarán de aburrida, pretenciosa o carente de impacto. Esto solo reafirma que la cinta ha tomado decisiones arriesgadas que no complacerán a todos, pero que al menos no son producto del piloto automático que ha aquejado a muchas entregas recientes del género.
CONCLUSIÓN
Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos no solo representa un nuevo intento de redención cinematográfica para la Primera Familia de Marvel, sino también una declaración de intenciones: la de un estudio que, con valentía y estilo, se atreve a reimaginar lo clásico sin despojarlo de su alma. Con una identidad visual audaz, un tono narrativo que privilegia lo humano por sobre lo espectacular, y un elenco entregado a la causa, Matt Shakman entrega una obra que, sin ser perfecta, al fin logra entender lo que significa ser un Fantastic Four: no un cuarteto de superhéroes, sino una familia que se resquebraja, se reconstruye y se reinventa mientras el universo conspira en su contra. No es la versión definitiva de los Cuatro Fantásticos, pero sí la más ambiciosa, y eso ya es mucho decir. Si Marvel aprende de sus aciertos y errores, quizás el próximo paso sea verdaderamente fantástico.
Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos llegará a los cines peruano el jueves 24 con funciones de preestreno desde el miércoles 23 a medianoche. Puedes ver el tráiler a continuación.

