(7/10) RECOMENDADO
SCHiM emerge como un título distintivo en el mundo de los videojuegos de puzles y plataformas, dirigido por Ewoud van der Wouf y Nils Slijkerman. La premisa gira en torno a un concepto peculiar y original: moverse únicamente a través de las sombras en un entorno minimalista y monocromático. Aunque esta base establece una propuesta visualmente atractiva y relajante, el juego revela una ejecución inconsistente que, si bien brilla en sus mejores momentos, en ocasiones parece no alcanzar todo su potencial.
La narrativa en SCHiM es limitada pero efectiva. Asumimos el papel de una pequeña criatura sombría que, al separarse de su dueño, debe cruzar 65 niveles variados para reunirse. Este contexto permite al jugador adentrarse en el juego sin mayores explicaciones, lo cual es acertado dada la intención claramente introspectiva y relajante de su propuesta. En lugar de una historia compleja, el foco recae en las mecánicas de sombra, las cuales ofrecen una originalidad única pero no siempre son desarrolladas con profundidad a lo largo del juego.
La mecánica principal de SCHiM —saltar entre sombras— constituye el corazón de la experiencia. Al principio, este sistema se siente fresco y genuinamente intrigante; es un juego que invita a pensar de manera alternativa, considerando cómo moverse a través del entorno mediante sombras proyectadas. Sin embargo, a medida que se avanza, esta mecánica tiende a quedarse algo corta. La simplicidad de la acción de salto ofrece poca variación, y aunque se introducen ocasionalmente mecánicas adicionales como cintas transportadoras y vehículos, estas novedades son insuficientes para sostener el interés a lo largo de sus 65 niveles.
El diseño de niveles en SCHiM es un área que merece análisis en profundidad. En sus mejores momentos, el juego utiliza la mecánica de sombras con creatividad, presentando secciones que capturan al jugador con ingeniosos desafíos. Pero estos momentos de inspiración se ven intercalados por otros que se sienten lineales y monótonos. Algunos niveles están diseñados para la simple relajación, y aunque esta elección puede resultar efectiva para algunos jugadores, en ocasiones da la impresión de que la estructura del juego no logra aprovechar el máximo potencial de su idea central.
La estructura de los niveles también revela un ritmo irregular. Algunos son breves y gratificantes, como un campo de golf de sombras que se resuelve en segundos y que, por su frescura, se queda en la memoria del jugador. Sin embargo, otros niveles resultan demasiado extensos, con secciones que se sienten prolongadas sin un claro sentido de progresión. Este balance entre lo breve y lo extenso afecta la cohesión del juego y puede generar la sensación de que SCHiM «se estira más de lo necesario» para cubrir su duración total.
La dificultad en SCHiM oscila entre lo relajante y lo ligeramente desafiante. La mayoría de los niveles buscan ofrecer una experiencia tranquila en la que el jugador pueda disfrutar del ritmo pausado y visualmente atractivo del juego. Sin embargo, algunos desafíos se complican de forma abrupta, lo que añade tensión en un título que, en esencia, parece diseñado para ser un viaje apacible. Estos momentos intensos, aunque refrescantes, pueden sentirse descontextualizados, como si el juego no tuviera clara la experiencia que realmente quiere brindar.
Uno de los aspectos más notables de SCHiM es su estilo visual minimalista. Este diseño, en su mayoría monocromático, contribuye a que el juego adquiera una identidad visual clara y agradable. La paleta de colores limitada no solo resalta las sombras, elemento central del juego, sino que también le da un toque de elegancia que resulta encantador. A pesar de su simplicidad, SCHiM destaca por su presentación visual, logrando un entorno atractivo y estilizado que captura la atención del jugador.
En cuanto a la música, SCHiM se apoya en melodías ligeras y amenas que acompañan bien el tono relajado del juego. La banda sonora es una de las joyas escondidas del título, recordando por momentos a las tonadas de la serie Animal Crossing. Estas piezas musicales refuerzan la atmósfera pacífica del juego, y aunque no son particularmente memorables, cumplen su función al elevar la experiencia sensorial sin distraer al jugador.
La ambientación en SCHiM es también un punto a favor. Aunque los entornos no son demasiado variados, el juego logra crear una atmósfera que recuerda a pequeños momentos de la vida cotidiana: un parque, una calle transitada, una estación de tren. Estos lugares familiares le otorgan al juego un toque de realismo que resuena con el jugador y lo invita a reflexionar sobre su entorno de una manera sutil y elegante.
Pese a sus aciertos, SCHiM enfrenta el desafío de mantener su frescura a lo largo de todo el juego. Al basarse en una mecánica tan específica, el juego corre el riesgo de volverse repetitivo, y en algunos niveles esto se vuelve evidente. La falta de un desarrollo más profundo de las mecánicas de sombra limita la variedad, y aunque el concepto inicial es atractivo, se siente que el juego podría haber explorado nuevas formas de mantener al jugador intrigado.
Otro punto que genera cierta frustración es la exploración limitada que ofrece el juego. Aunque algunos niveles invitan a desviarse del camino principal en busca de elementos ocultos o interacciones ingeniosas, la mayoría de las veces estos desvíos terminan en callejones sin salida. Esto da una sensación de derrota que afecta la experiencia, especialmente cuando el jugador se ve obligado a retroceder y seguir un camino más guiado y lineal. Esta falta de equilibrio entre exploración y estructura afecta la inmersión en la experiencia de juego.
La progresión en SCHiM también puede parecer arbitraria. En algunos momentos, el juego avanza de manera fluida, mientras que en otros la ruta a seguir resulta confusa o mal indicada. Esto genera una cierta desorientación que puede restar puntos a la experiencia, haciendo que el jugador pierda el sentido de dirección. Aunque algunos de estos momentos añaden desafío, es evidente que una mayor claridad en el diseño de niveles habría mejorado la cohesión general del juego.
A pesar de estos inconvenientes, SCHiM logra crear un impacto positivo gracias a su encanto inherente. Es un juego que invita al jugador a apreciar los pequeños detalles de la vida cotidiana a través de su enfoque en las sombras y la interacción mínima. Este homenaje a las cosas pequeñas es uno de los aspectos más logrados del juego, pues permite que la experiencia sea reflexiva sin necesidad de una narrativa densa o un sistema de juego complejo.
SCHiM también destaca por su atención al detalle en los elementos visuales. Cada sombra y cada entorno están diseñados con una precisión que revela el esfuerzo detrás del título. Este cuidado en la presentación logra que el juego se sienta único y memorable, especialmente en sus mejores niveles, donde el diseño se siente innovador y fresco, ofreciendo una sensación de descubrimiento y sorpresa.
En resumen, SCHiM representa un diamante en bruto en el mundo de los juegos de plataformas y puzles. A pesar de sus imperfecciones, tiene un encanto que resulta difícil de ignorar y, aunque no siempre brille con la intensidad que promete, es un título que invita a reflexionar y a disfrutar de una experiencia pausada.
CONCLUSIÓN
SCHiM es una propuesta única que, aunque no logra mantener su impacto en todos los niveles, tiene momentos brillantes y encantadores. Su mecánica de juego, basada en las sombras, es lo suficientemente interesante para atraer al jugador, y la presentación visual y musical del juego eleva la experiencia. Sin embargo, la inconsistencia en el diseño de niveles y la falta de una progresión clara limitan su impacto general. SCHiM es un juego que merece ser experimentado por aquellos que buscan una experiencia relajante y diferente, aunque puede dejar con ganas de más profundidad y variación.
SCHiM llega a Nintendo Switch, PlayStation 4|5, Xbox One, Xbox Series X|S y PC a través de Steam el 18 de julio. Puedes ver el tráiler de lanzamiento a continuación.
