(6.5/10) – INTERESANTE CONCEPTO
Jugar a Shuffle Tactics ha sido como entrar a una fiesta en la que conoces a todos, pero ninguno se comporta como esperabas. Mezclar roguelike, construcción de mazos y RPG táctico por turnos puede sonar atractivo sobre el papel —y en cierto sentido, lo es—, pero cuando esos tres géneros empiezan a empujarse entre sí en un tablero cuadriculado, el resultado se siente tanto ingenioso como caótico. Desde el primer combate hasta el último intento por llegar al Rey Ogma, el juego me mantuvo dando tumbos entre la frustración y la curiosidad, sin dejar de pensar si lo que me gustaba de él era intencional o simplemente parte del desconcierto general.
Gracias a Club Sandwich y The Arcade Crew por el código para prensa usado en la realización de este análisis.
A nivel visual, Shuffle Tactics tiene un encanto retro evidente. El pixel art no es el más pulido del mundo, pero sí logra transmitir una atmósfera nostálgica que recuerda a los SRPG de los noventa. Sin embargo, esa estética se ve algo empañada por una interfaz torpe y una cámara que parece más interesada en arruinar tus movimientos que en ayudarte a planearlos. Mover una unidad mal por error de clic y no poder deshacerlo sigue siendo una de las decisiones más frustrantes del diseño, especialmente cuando el error te cuesta media partida.
En cuanto a la estructura del juego, Shuffle Tactics sigue el molde de los roguelikes más clásicos. Escoges a uno de tres héroes —cada uno con su mazo inicial y estilo de combate—, trazas un camino por un mapa lleno de combates, eventos y tiendas, y esperas no morir antes de llegar al jefe final. Y como buen roguelike, morir es casi seguro. Lo que diferencia esta propuesta es su combate táctico por casillas, que da un toque estratégico muy atractivo… hasta que el azar te pisa la cabeza.
El principal atractivo del juego es también su mayor contradicción: la fusión entre el combate táctico y la construcción de mazos. Mover a tus personajes en un tablero mientras gestionas un mazo suena bien, pero en la práctica la aleatoriedad de las cartas puede anular por completo cualquier planificación. Puedes tener a tu arquero en la posición perfecta, pero si no robas una carta útil en ese turno, estás vendido. A veces se siente más como tirar una moneda al aire que como jugar ajedrez con poderes mágicos.
Lo curioso es que no todo está mal. Cuando Shuffle Tactics acierta, realmente lo hace. Hay una satisfacción real en ver cómo una carta de área elimina a cinco enemigos débiles, cómo un combo de “Recargar” y “Frenesí” convierte a tu Doberknight en una máquina de destrucción. El diseño de los efectos visuales en esos momentos, con partículas explosivas y animaciones exageradas, le da al juego un ritmo que por momentos recuerda a una partida caótica de Slay the Spire, pero con espadas y conejos antropomórficos.
El juego también ofrece una variedad absurda de contenido: más de 300 cartas, 10 compañeros, decenas de reliquias, jefes y eventos. A primera vista, eso debería ser una ventaja, pero en realidad es uno de sus problemas más graves. La curva de aprendizaje es vertical. Muchas mecánicas —como el uso de amuletos o los efectos de algunas cartas— no se explican nunca, o se explican mal. La herramienta de ayuda es mínima, y uno termina aprendiendo todo a prueba y error, lo cual puede estar bien para algunos, pero en mi caso se sintió más como un descuido que como una decisión de diseño.
Y sí, hablemos de los compañeros. Reclutar aliados debería ser una de las partes más emocionantes de un SRPG, pero aquí se sienten más como parches que como unidades completas. Su IA es decente, pero sus mazos suelen sentirse menos desarrollados y sus habilidades, repetitivas. Más de una vez me pregunté por qué no podían haber sido héroes jugables desde el inicio. Esa limitación reduce mucho el factor táctico, porque uno termina dependiendo siempre del mismo par de unidades y rezando por cartas útiles.
Sobre la historia… bueno, está ahí. Hay una maldición llamada “el Resplandor” (nombre poco afortunado para algo supuestamente tenebroso), un reino en ruinas, y un rey enloquecido al que hay que derrotar. Lo típico. Pero lo cierto es que el juego no se preocupa mucho por su narrativa. Los personajes hablan poco, los eventos de historia son escasos, y más allá de algunas líneas simpáticas de comerciantes carismáticos —como el murciélago bibliotecario o la araña vendedora—, no hay mucho que te empuje a interesarte por el mundo. Es una lástima, porque el trasfondo daba para más.
En el aspecto técnico, me encontré con errores menores, aunque molestos. Hubo un par de partidas en las que la cámara se rompía al presionar Ctrl, y otras donde el mapa no cargaba correctamente después de un guardado. Nada catastrófico, pero suficientes tropiezos como para pensar que necesitaba más tiempo de testeo. También hay una inconsistencia general en cómo se comunican las mecánicas: algunas cartas dicen una cosa y hacen otra, y algunos efectos clave, como “consumir fuego” o “juguetear”, no se explican bien en ningún lado.
Aun con sus problemas, Shuffle Tactics tiene corazón. Se nota que detrás hay un equipo que conoce el género, que quiso mezclar sus pasiones en un cóctel diferente. El sistema de progresión a largo plazo es limitado, pero los desbloqueos constantes dan una ligera sensación de avance. Y cuando logras encadenar tres combates sin que la suerte te aplaste, el juego se siente justo y disfrutable. Pero esos momentos son escasos, y llegar a ellos implica una gran tolerancia a la frustración.
Otro punto que se siente fallido es el balance de dificultad. Hay combates normales que parecen sacados del último mapa del juego, y batallas contra jefes que se sienten sorprendentemente sencillas. Esto, combinado con la aleatoriedad de los eventos y la escasa información inicial, hace que el progreso no sea cuestión de estrategia, sino de sobrevivir a la ruleta rusa de cada partida. Y cuando un roguelike no te da herramientas para mejorar con cada intento, el incentivo para volver desaparece rápido.
El arte, en cambio, tiene personalidad. Puede que los personajes no sean especialmente memorables, y que a veces cueste distinguir qué es qué en pantalla, pero hay algo encantador en ese estilo pixelado con toques modernos. Las cartas están bien diseñadas, las animaciones son fluidas, y los efectos visuales hacen su trabajo. La música también acompaña bien: sin llegar a ser inolvidable, mantiene el tono melancólico del mundo, con pistas que oscilan entre lo épico y lo introspectivo.
Y a pesar de todo, hay algo adictivo en Shuffle Tactics. No es un gran juego. Tiene problemas evidentes de balance, accesibilidad y pulido. Pero también tiene ideas buenas que simplemente necesitan más tiempo para madurar. Con una mejor curva de aprendizaje, un sistema más claro de progresión y algunos ajustes al RNG, podría convertirse en un título de culto dentro de su pequeño nicho. Hoy por hoy, es más una curiosidad que una joya.
Mi recomendación es sencilla: si te fascina el género y tienes paciencia para aprender sin ayuda, Shuffle Tactics puede ofrecerte varias horas de entretenimiento táctico con sabor a caos. Pero si buscas una experiencia más pulida, clara y estratégica, quizás quieras esperar a una actualización… o buscar en otro mazo.
CONCLUSIÓN
Shuffle Tactics es una carta interesante en un mazo desordenado. Cuando las piezas encajan, el juego brilla; pero la mayoría de las veces, te obliga a barajar tus expectativas. Con un poco más de claridad, balance y dirección, lo que hoy es un diamante en bruto podría convertirse en una referencia del género. Por ahora, es un experimento peculiar que deja claro lo difícil que es mezclar bien tantas mecánicas sin que se peleen entre sí.
Shuffle Tactics está disponible en exclusiva en PC a través de Steam. Puedes ver el tráiler de lanzamiento a continuación.
