(9/10) – NINTENDO DEBE ENTENDER QUE PERDIÓ ANTE EL MEJOR, EL MEJOR JUEGO DE CARRERAS DEL AÑO LE PERTENECE A SEGA
Desde las cenizas de la tibia recepción que tuvo Team Sonic Racing en 2019, había una comprensible capa de escepticismo cubriendo el anuncio de Sonic Racing: CrossWorlds. La salida de Sumo Digital y el paso del desarrollo a un equipo interno de SEGA generaron dudas, pero tras exprimir la versión para PC durante más de treinta y cinco horas—tiempo que se evaporó con una facilidad alarmante—, puedo afirmar con rotundidad que esta entrega no solo disipa todas esas preocupaciones, sino que se alza como un clásico instantáneo y, francamente, como uno de los juegos de karts más refinados y satisfactorios que hemos visto en la generación, situándose cómodamente en el podio junto a los grandes nombres del género. Es la reinvención que necesitábamos, demostrando que la velocidad pura, cuando se ejecuta con una base jugable sólida, supera cualquier truco innecesario.
Gracias a SEGA Latinoamerica por el código para prensa usado en la realización de este análisis.
La base de CrossWorlds es su jugabilidad, un pilar que el equipo de desarrollo se tomó muy en serio. Este juego no es un festival de obstáculos diseñado para frenarte, sino una celebración de la velocidad pura. La filosofía es sencilla: ir rápido, pase lo que pase. La conducción es espectacularmente fluida; encadenar drifts, saltos, acrobacias en el aire y explosiones de impulso se siente como una sola línea coreografiada. Los minutos se convirtieron fácilmente en horas para mí, perfeccionando mi técnica de derrape, personalizando mis vehículos, encontrando las trazadas óptimas en las contrarreloj y compitiendo frenéticamente con amigos para ser el campeón. Aunque la jugabilidad central se reduce a cuatro comandos básicos—acelerar, derrapar, frenar y usar objeto—, dominar la técnica para mantener la velocidad máxima y minimizar la pérdida de Rings (que afectan directamente a tu top speed) es lo que separa al competidor casual del aspirante a campeón.
Sin embargo, esta velocidad tiene un precio. CrossWorlds se toma muy en serio la precisión, y esto se nota en el castigo implacable por chocar contra un muro. Mientras que otros títulos te perdonan con un rebote suave, aquí te penalizan con una ralentización tan severa que, si ocurre en la última curva, es prácticamente un beso de la muerte. Al principio, esto puede resultar frustrante, especialmente para quienes venían de arcades más indulgentes o no estaban acostumbrados a los karts más ligeros. Pero después de un par de horas, te das cuenta de que no es un defecto de diseño, sino una exigencia de habilidad: te obliga a buscar las trazadas perfectas y a inclinarte por vehículos de Manejo si tu estilo de derrape es más de «abrazar la curva» que de clavar la trayectoria, forzándote a ser un mejor conductor.
El factor de la velocidad también está intrínsecamente ligado a la elección del vehículo. Las cuatro clases disponibles —Velocidad, Manejo, Potencia y las nostálgicas Aerotablas de Riders— generan una diferencia abismal en la pista. No se trata solo de números; un vehículo de Potencia te permite empujar a otros corredores y pasar peligros sin inmutarte, mientras que un kart de Velocidad exige una precisión quirúrgica, pero si lo controlas, su rendimiento en las rectas es incomparable. Encontrar tu máquina ideal es la primera gran decisión estratégica, y el hecho de que la elección realmente importe es un testimonio de la profundidad del sistema de conducción, ofreciéndote un conjunto de cartas diferente para jugar en cada carrera.
La mecánica que da nombre al juego es, sin duda, su carta de triunfo más espectacular y audaz. Olvídate de la monotonía de memorizar un circuito: justo al final de la primera vuelta, el líder cruza un Anillo de Travesía y toda la parrilla es teletransportada casi instantáneamente a un Circuito Cruzado completamente diferente, un salto dimensional que recuerda a la acción frenética de Ratchet & Clank: Rift Apart. Este es el truco ingenioso que asegura que ninguna carrera se sienta igual, un dispositivo que rompe el ritmo y te saca de la zona de confort.
Lo brillante de esto no es solo la sorpresa visual (pasar de Metal Harbor a la prehistórica Dino Jungle o a un mundo de dulces con curvas cerradas), sino cómo desarticula cualquier intento de correr la pista «con el piloto automático». El líder de la carrera tiene el privilegio de elegir entre dos Anillos de Travesía: uno conocido con un CrossWorld ya visitado y otro marcado con un signo de interrogación, que siempre lleva a un espacio más dinámico e inesperado. Esta pequeña elección genera una tensión estratégica maravillosa, y aunque algunos de estos mundos cruzados son tan cortos que no se graban en la memoria a largo plazo, cumplen su función: despistar y obligar a la adaptación constante.
A este dinamismo espacial se suman las transformaciones de vehículos, heredadas de Transformed, que se sienten más pulidas que nunca. Cambiar entre coche, avión y barco al pasar por portales obligatorios u opcionales es fluido, pero cada modo exige un conjunto de habilidades distinto. La Forma de Vuelo es la más satisfactoria, ofreciendo control vertical total y permitiéndote realizar derrapes aéreos para alcanzar anillos de impulso en diferentes alturas; siempre me encantó tomar la ruta de vuelo opcional en Coral Town para intentar adelantar a la parrilla.
Sin embargo, es la Forma de Agua la que plantea el mayor desafío y donde el techo de habilidad se eleva. El modo Barco elimina la capacidad de derrapar en el agua y la sustituye por un salto cargado fuera del agua, esencial para alcanzar potenciadores o plataformas aéreas. Esto requiere una enorme previsión y una sincronización impecable, rompiendo con los instintos típicos de un corredor arcade. Me costó bastante acostumbrarme a la mecánica, pero cuando finalmente logras encadenar ese salto cargado en el momento exacto para conseguir el impulso más alto, la recompensa es tremendamente gratificante. Los jugadores que dediquen tiempo a dominar las secciones acuáticas serán los que dominen las tablas de clasificación.
Si la velocidad es el corazón de CrossWorlds, la personalización es el cerebro. El juego te ofrece una cantidad de opciones que, al principio, pueden resultar abrumadoras —45 vehículos, 70 Gadgets, piezas intercambiables—, pero que finalmente recompensan la experimentación profunda, situándolo muy por encima de la simplicidad de su competencia. Más allá de las piezas que ajustan ligeramente las estadísticas de forma lateral, el verdadero punto estratégico es el Panel de Gadgets, que se convierte en un pequeño rompecabezas de seis ranuras.
Tienes más de 70 Gadgets para elegir, cada uno ocupando entre una y tres ranuras, y cada uno ofreciendo una bonificación extremadamente impactante. ¿Priorizas la velocidad de carga de tu impulso de derrape? ¿O prefieres un Gadget que te dé un objeto inicial poderoso, como el anillo de deformación que te teletransporta por delante, o quizás uno que haga girar tu kart al derrapar para alejar a otros corredores? Construir tu panel se convierte en un metajuego en sí mismo, permitiéndote crear hasta cinco configuraciones preestablecidas para adaptarte a cada Gran Premio o tipo de circuito. Es una flexibilidad que define tu estilo de juego: puedes ser el corredor agresivo centrado en la Potencia y el conflicto, o el conductor Velocidad que busca optimizar cada milisegundo.
No obstante, debo señalar el alto costo de esta personalización a largo plazo. Desbloquear las piezas de vehículos y, sobre todo, avanzar en el sistema de Amistad con los 24 personajes para obtener cosméticos y trajes alternativos, requiere una cantidad ingente de Tickets Donpa. El ratio de ganancia de tickets se siente tacaño en comparación con el costo de algunos desbloqueables, lo que indica claramente que SEGA busca sostener este juego durante un periodo considerable. Si tu objetivo es desbloquearlo todo, prepárate para dedicar miles de carreras, pero la recompensa, ya sean vehículos especiales desbloqueados por el Race Park o los Gadgets de rango superior, siempre vale la pena.
La tensión de la carrera está magnificada por el diseño de la IA, que es despiadada en las dificultades más altas. Este no es un juego donde puedas mantener una ventaja cómoda; la IA te castiga sin piedad por cada pequeño error. El sistema de Rival Modular en el Gran Premio es una adición fantástica: al principio de cada copa, se te asigna un personaje superpoderoso con un nivel de desafío (1-10) que actúa como tu archienemigo personal. Este rival no solo tiene mejores estadísticas, sino que se comporta de manera más inteligente, guardando objetos defensivos y adoptando líneas de carrera óptimas.
En el corazón del caos están los objetos. Si bien el juego ofrece algunos ítems maravillosamente caóticos —el Monster Truck que aplasta a los oponentes e ignora peligros, o el Tornado que anula ataques y golpea a los cercanos—, el equilibrio es un punto de debate. Es cierto que se percibe una «sobreabundancia de caparazones azules», donde los ataques más poderosos y difíciles de esquivar se sienten demasiado comunes, generando frustración cuando te alcanzan a centímetros de la meta. No obstante, el juego ha encontrado un equilibrio dorado que evita el cambio de rumbo radical de otros karts; la habilidad sigue siendo el factor principal, y un buen Gadget defensivo puede mitigar gran parte de ese daño. Es decir, los objetos añaden variabilidad sin anular por completo la habilidad de conducción.
El diseño de circuitos es de primera clase. Las 24 pistas principales son un delicioso recorrido por el lore de SEGA y Sonic, desde los homenajes a Sonic Unleashed y Sonic Adventure 2 (Market Street, Radical Highway) hasta los guiños inesperados a juegos como Columns y Afterburner. Las pistas se sienten como auténticos parques temáticos diseñados con trampas interactivas, flippers al estilo pinball y volteretas de montaña rusa. La variación entre tierra, mar y aire mantiene al jugador en estado de alerta constante, recompensando la exploración de caminos alternativos y la memorización de los riesgos y recompensas de cada ruta.
Y un juego de Sonic no sería nada sin su música. La banda sonora es, como siempre, un rotundo éxito, con casi un centenar de temas de la vieja guardia y nuevos talentos. Lo impresionante es la fluidez con la que la música se integra en el juego, e incluso el cambio de CrossWorld se transmite inmediatamente a través de la atmósfera musical a todo volumen. La joya de la corona es la personalización de la banda sonora: puedes crear playlists con tus temas favoritos (¡incluyendo canciones de Miku o Creepy Nuts!) y asignarlas a cada una de las tres vueltas de cualquier carrera. Personalmente, me encontré tarareando los temas de las pistas incluso cuando estaba lejos de la PC, lo que es un gran indicador de la calidad del audio.
La oferta de modos también es sólida. El Gran Premio es excelente, culminando con una emocionante cuarta carrera remezclada que alterna secciones de las tres pistas anteriores, poniendo a prueba tu capacidad de adaptación final. El Race Park es un modo genial basado en equipos con objetivos extra (como chocar más con compañeros o usar más plataformas de impulso) que otorgan puntos, no dependiendo únicamente de la posición final. Sin embargo, se echa de menos la complejidad del Modo Historia basado en misiones de Team Sonic Racing, cuyo vacío es notable en la campaña de un solo jugador.
Técnicamente, la versión para PC de CrossWorlds es un triunfo de la optimización. A diferencia de otros títulos recientes con Unreal Engine 5, este juego corre de maravilla y sin problemas de rendimiento, incluso en dispositivos como Steam Deck, lo que se refleja en un abrumador 96% de reseñas extremadamente positivas en Steam. Es un juego pulido y fácil de instalar, que se conecta rápidamente con la comunidad, y que además cuenta con la ventaja competitiva del juego cruzado (cross-play).
Sin embargo, hay que destacar que el modo en línea es, actualmente, demasiado básico. Aunque funciona sin lag y te permite competir en Partidas Mundiales, la falta de opciones para organizar carreras de Gran Premio o activar los objetivos extra del Race Park es una oportunidad desperdiciada que esperamos que SEGA corrija con un parche. Además, si bien el catálogo de colaboraciones futuras es emocionantísimo (Joker de Persona 5, Ichiban de Yakuza, Miku, Bob Esponja, el esperado Rockman con su propia pista de Wily Castle), la calidad del DLC inicial ha sido un punto bajo, con personajes que son meramente cambios estéticos que carecen de actuación de voz o interacciones con los rivales, lo que no cumple con el potencial de ser el «Smash Bros. de los juegos de carreras».
CONCLUSIÓN
Sonic Racing: CrossWorlds es el juego de carreras de karts que la franquicia Sonic siempre mereció y que los jugadores anhelaban. Sus defectos —la ausencia de un Modo Historia, la economía tacaña para los desbloqueables cosméticos, y un online que necesita más modos— son apenas un rasguño en la carrocería de una máquina excepcionalmente bien diseñada. Su combinación de una jugabilidad fluida y rápida, la imprevisibilidad estratégica del sistema CrossWorlds, y una profundidad de personalización que recompensa la dedicación, lo convierten en una experiencia adictiva, caótica y, sobre todo, tremendamente divertida. Si buscas un título que rivalice con los grandes y que te exija dominar el arte del derrape a velocidad Super Sonic, este juego cruza la línea de meta como un título esencial.
Sonic Racing: CrossWorlds está disponible ya mismo en PC a través de Steam y Epic Games Store, en PlayStation 4|5, Xbox One, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 1|2. Puedes ver el tráiler de lanzamiento a continuación.
