The Muppet Show (El Show de los Muppets) | Análisis

(8/10) – ES HORA DE LOS MUPPETS

Disney ha pasado dos décadas intentando encontrar una utilidad clara para los personajes de Jim Henson, transitando por experimentos fallidos como el falso documental de 2015 que alejó a los puristas al mostrar a Fozzie en aplicaciones de citas o a Kermit en situaciones de infidelidad. Tras otros intentos como Muppets Now en 2020, que se sintió como una producción de bajo presupuesto sin guion, y el spin-off The Muppets Mayhem, la compañía ha decidido finalmente regresar a la estructura de vodevil que hizo famosa a la franquicia. Este nuevo especial de media hora, producido por Seth Rogen y Evan Goldberg, funciona como un relanzamiento suave que busca medir si el público de 2026 todavía tiene interés en un programa de variedades tradicional.

La trama del especial es sencilla y se desarrolla principalmente tras bambalinas: Kermit debe decidir qué segmento eliminar para ajustar la duración del programa, enfrentando el reto de comunicarle a Miss Piggy que su parte es la candidata al recorte. Esta premisa sirve para conectar diversos sketches y números musicales que mantienen el espíritu de «montemos un espectáculo» de la serie original. La anarquía reina en el escenario del viejo teatro, exacerbada por las tensiones profesionales y románticas que surgen entre los personajes de fieltro y la celebridad invitada.

Sabrina Carpenter se desempeña como la primera presentadora de este reinicio, superando la prueba de integrarse con naturalidad al elenco de marionetas. Carpenter participa en números musicales bien ejecutados, destacando un dueto de «Islands in the Stream» con Kermit y Miss Piggy, además de una interpretación de «Don’t Stop Me Now» de Queen que cierra el show. Su capacidad para interactuar con los Muppets como una igual, aceptando sus disparates, la posiciona como una elección ideal para este formato que mezcla el humor infantil con pinceladas de comedia para adultos.

El especial recupera a personajes clásicos en roles conocidos: Scooter como el director de escena agotado, Fozzie como el bufón propenso a chistes malos y Gonzo intentando una acrobacia temeraria que consiste en recitar canciones ganadoras del Oscar. Resulta notable el breve regreso de Rowlf, un personaje que estuvo ausente durante gran parte de la etapa posterior a Henson. Aunque las voces interpretadas por Matt Vogel y Eric Jacobson pueden sonar ligeramente distintas a las originales, logran capturar el entusiasmo necesario para que la esencia de los personajes no se pierda.

En el apartado técnico, la dirección de Alex Timbers mantiene un ritmo jovial, saltando de un chiste a otro con rapidez. El diseño de producción busca emular la estética de los años 70 de tal forma que, si se ignora la mejora en la calidad de la cámara, el espectador podría sentir que está viendo la serie original. Los sketches en el laboratorio del Dr. Bunsen Honeydew y Beaker también están presentes, aportando el caos físico habitual que suele terminar en consecuencias desafortunadas para el asistente.

Sin embargo, el guion presenta algunas inconsistencias en esta etapa de «oxidación» tras años fuera del aire. Algunos chistes de Statler y Waldorf carecen de la mordacidad esperada, sintiéndose imprecisos o demasiado suaves en comparación con el material clásico. Del mismo modo, ciertos segmentos como el de Rizzo la Rata interpretando un éxito pop reciente parecen fuera de lugar o mal ajustados a la identidad única que deberían tener los Muppets en cada intervención.

A pesar de estas asperezas, el especial logra introducir críticas sociales contemporáneas de forma orgánica. El Dr. Bunsen Honeydew ofrece una reflexión sobre cómo los dispositivos móviles y los «terrores cotidianos» compiten por la atención de la audiencia en la actualidad. Además, hay guiños autorreferenciales e ingeniosos, como la queja de Seth Rogen sobre ser marginado de la producción mientras un armadillo con tutú ocupa su lugar, bajo el argumento de que dicho animal «no es canon».

El formato de media hora permite que el especial fluya sin anuncios, aunque deja la sensación de ser una prueba inconclusa. Se alude constantemente a temas adultos mediante la negación plausible, permitiendo que los padres disfruten de bromas sobre infracción de derechos de autor mientras los niños se enfocan en la locura de los pollitos bailarines. Esta dualidad es lo que siempre ha definido al Saturday Night Live de las marionetas, y este reinicio logra superar ese estándar de calidad mínima.

Uno de los puntos más altos es la parodia de época al estilo Bridgerton, donde Miss Piggy termina en un triángulo amoroso con Pepe el Langostino. Este tipo de sketches demuestra que los Muppets pueden adaptarse a las tendencias actuales sin necesidad de cambiar la estructura básica de sus personalidades: Piggy sigue siendo la ególatra apasionada y Beaker el asistente propenso al pánico. La serie se contenta con recrear los encantos originales, apostando por lo seguro antes de intentar experimentos más arriesgados.

La verdadera prueba para Disney será determinar si este estilo nostálgico puede sostener una temporada completa o si resultará aburrido para los adolescentes modernos. Por ahora, el especial cumple con la función de recordar por qué estos personajes son queridos, ofreciendo una base sólida de sketches de calidad variable que mantienen entretenido al público general. Kermit deja claro durante su monólogo que hay planes para más episodios si el resultado de este piloto es positivo.

CONCLUSIÓN

El renovado Show de los Muppets está disponible en Disney+ Latinoamerica. Puedes ver el tráiler a continuación.