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Wonder Man | Análisis

(8/10) – UNA SERIE PARA OTRO UNIVERSO

El Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) parece haber entrado en una fase donde la escala cósmica ha empezado a asfixiar la narrativa. En medio de ese cansancio generalizado, surge Wonder Man, una miniserie de ocho episodios para Disney+ que se siente como una anomalía necesaria. Bajo el sello «Marvel Spotlight», la producción se despoja de la pesada obligación de conectar multiversos para centrarse en algo mucho más aterrador y mundano: la supervivencia en los márgenes de Hollywood. Aquí, el conflicto no es una invasión alienígena, sino cómo pagar el alquiler cuando eres un actor con un ego desmedido y un secreto que el seguro de los estudios no está dispuesto a cubrir.

La historia nos presenta a Simon Williams, interpretado por un Yahya Abdul-Mateen II que proyecta una seriedad magnética, aunque su personaje sea un nudo de inseguridades y pretensiones. Simon es un actor haitiano-estadounidense de segunda generación que sabotea sus propias oportunidades por un exceso de análisis; es el tipo de intérprete que detiene el rodaje de un episodio de American Horror Story para cuestionar la motivación profunda de su personaje. Sin embargo, su mayor obstáculo es físico: posee poderes iónicos que debe reprimir, ya que, tras un incidente previo con otro individuo superpoderoso, la industria del cine ha decidido que contratar a gente «especial» es un riesgo financiero que ninguna aseguradora quiere asumir.

El catalizador de la serie es el encuentro fortuito entre Simon y un viejo conocido de la franquicia: Trevor Slattery. Ben Kingsley retoma su papel como el fallido actor cockney con una profundidad que no le habíamos visto antes. Lo que comienza como una relación de mentoría en una sala de cine donde proyectan Midnight Cowboy, pronto revela capas más oscuras. Trevor no es solo un guía espiritual en el arte de la interpretación; es un hombre coaccionado por el agente Cleary (Arian Moayed) del Departamento de Control de Daños para vigilar a Simon. El DODC aquí no busca salvar al mundo, sino justificar su existencia burocrática llenando celdas para evitar recortes presupuestarios, una sátira institucional que se siente refrescante y cínica.

La química entre Abdul-Mateen II y Kingsley es el corazón palpitante de la obra. Las escenas donde ambos se olvidan de las cámaras y se sumergen en ejercicios de respiración o recitan diálogos de Shakespeare y Amadeus son, sencillamente, lo mejor que ha entregado Marvel en años. Es un recordatorio de que la actuación es una vocación trascendental, pero también un oficio lleno de humillaciones diarias. La serie brilla cuando se convierte en una clase magistral sobre el arte de la interpretación, difuminando las líneas entre el actor real y el personaje que intenta, desesperadamente, encontrar su lugar bajo los reflectores.

Visualmente, la serie aprovecha la dirección de Destin Daniel Cretton para capturar un Los Ángeles alejado del glamour de las alfombras rojas. Vemos una ciudad de apartamentos polvorientos en Koreatown, centros comerciales decadentes y el tráfico congestionado que define la vida del aspirante a estrella. Hay una textura humana en el entorno que se siente auténtica; los personajes tienen exnovias que se mudan de sus departamentos (como la Vivian de Olivia Thirlby) y hermanos frustrados (como el Eric de Demetrius Grosse) que ven el arte como una pérdida de tiempo. En Wonder Man, lo fantástico es un inconveniente logístico en una vida ya de por sí complicada.

No obstante, la serie no está exenta de problemas estructurales que delatan la crisis de formato de Disney+. Con episodios que apenas rozan la media hora y uno intermedio que se desvía drásticamente hacia un flashback sobre un personaje llamado «Doorman», el ritmo se siente fragmentado. La brevedad de las entregas no permite que el crecimiento de Simon respire adecuadamente, y a menudo nos encontramos con un protagonista que se comporta de manera narcisista sin que haya una introspección real que lo redima ante el espectador. Es difícil apoyar a un «desvalido» que rara vez contempla sus propios defectos, incluso cuando su madre le brinda un apoyo incondicional que él parece no merecer.

Un punto crítico es el desajuste entre la presencia escénica de Abdul-Mateen II y la caracterización de Simon como un actor «sudoroso y desesperado». El físico olímpico y la gravedad natural del actor chocan con la idea de un intérprete que no logra conseguir trabajo por su propia torpeza social. Aunque su actuación es impecable, hay un ruido constante entre el concepto del personaje en el papel y lo que vemos en pantalla, un borrador que nunca termina de cuajar del todo durante la temporada.

La serie también toca temas de una relevancia política sorprendente, aunque a veces solo de manera superficial. El hecho de que el seguro de una producción tenga más peso que el origen de un superpoder es una metáfora poderosa sobre la gestión de riesgos y la discriminación laboral. Simon Williams ocultando su verdadera naturaleza para poder trabajar en un medio que exige transparencia emocional es un dilema que podría haber sido el centro de una crítica social mucho más feroz si la serie no se sintiera, por momentos, obligada a cumplir con la cuota de humor ligero de la franquicia.

Hacia el final, la producción parece asustarse de su propia originalidad. Después de construir una narrativa centrada en la sutileza y el drama humano, el tramo final recurre a una resolución de escala superheroica que aplana la textura que tanto esfuerzo costó establecer. Es el eterno problema de Marvel: la incapacidad de confiar plenamente en que una buena historia de personajes es suficiente para mantener el interés sin necesidad de recurrir a la pirotecnia final. Se siente menos como un cierre orgánico y más como una concesión a las expectativas de un público que, irónicamente, la serie intenta parodiar.

A pesar de estas inconsistencias, Wonder Man se siente como una pieza de resistencia dentro de un sistema saturado. Al igual que otras apuestas recientes que han buscado la pequeñez y la especificidad, esta serie demuestra que el MCU puede ser interesante cuando se atreve a ser extraño y mundano. Los momentos en los que Simon y Trevor simplemente se sientan a discutir sobre la técnica de Olivier frente a la de los actores de método son mucho más emocionantes que cualquier estallido de energía iónica. Es una obra inteligente que, aunque tropieza al intentar complacer a todos, deja una marca por su sinceridad emocional.

CONCLUSIÓN

Todos los episodios de Wonder Man están disponibles ahora mismo en Disney+. Puedes ver el tráiler a continuación.

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